Un viaje por Jamundí, la tierra del cholado y el río más hermoso del Valle

El último municipio que el Valle tiene al sur termina en uno de los ríos más bellos de la región, libre ahora, en este país donde la guerra acaba. Viaje a un Jamundí más maravilloso, que la maravilla de sus cholados.

- Jorge Enrique Rojas

Al sur, el río

Cuando René Huertas, un ingeniero de sistemas de 32 años se acomoda para descansar en el lugar que ha convertido en su oficina, regularmente sonríe con los pies llenos de agua, sentado sobre alguna de las piedras de uno de los ríos más hermosos que tiene el Valle. Le ocurre cada tres o cuatro domingos en Río-claro, que en la parte más alta de Jamundí le hace honor literal a su nombre, bajando por un cañón cerca de la cordillera occidental. En el camino que hay hasta al río, del otro lado de la carretera destapada, la silueta del cerro Pico de Loro revolotea azul en el horizonte del Parque Nacional Natural Los Farallones.

Si pudiera servir de pista para alguien, Río-claro no es como el Sabaletas, que en la parte profunda de Buenaventura tiene tramos tan hondos como para que cada tanto buzos con tanques vayan a entrenar sus inmersiones. Este no es un río selvático transitado por pescadores y canoas. No tiene casas alrededor, nadie vive a sus orillas. Este río está al fondo de una grieta que los dioses, o una pelea de dinosaurios rebotando sobre la tierra, provocaron hace millones de años en un sitio que quedó más bien despoblado desde entonces por distintas causas.

Las más actuales tuvieron que ver con la ubicación de aquel lote del paraíso, pues al rozar la cordillera durante mucho tiempo terminó preso en el mapa del conflicto armado al suroccidente del país: con la guerrilla caminando esa cadena montañosa y adueñándose a fusil del bosque, muchas cosas imposibles fueron quedando en su poder. Como los ríos. Ríos como ese, ya sin dueños ahora que la guerra con las Farc termina luego de medio siglo. Hoy el camino para llegar a Río-claro comienza cruzando por el restaurante ‘Doña Aleja’, subiendo por la vía hacia Potrerito. Hoy Jamundí y las rutas que ahora permite caminar –o nadar-, es otro ejemplo palpable de cómo la paz, aunque todavía en forma de rumor, ya nos permite contar cómo es que se va viendo Colombia libre del miedo.

La primera vez que René subió a Pico de Loro fue hace 11 años con un amigo del colegio y el acenso le valió para saber que quería dedicarse a subir y bajar esas montañas para siempre, cuenta ahora hecho guía de profesión, la barba pulida, y la vida organizada en pareja con una chica. Más o menos a partir del 2005 pues, René va y viene de arriba para abajo: ya llegó a la cima del Aconcagua, en Los Andes argentinos, y cerca de Cali lleva descubiertas 45 rutas para hacer trecking o rivering, es decir para caminar atravesando montañas y ríos. Y eso es lo que cada que que puede lleva a practicar a distintos grupos de gente que, siguiendo sus pasos, han llegado a descubrir paisajes como los de Río-claro. Jamundí arriba es un mundo tan bonito, que hay un punto al que le dicen ‘El Paraíso de las Cascadas’.

Hace cinco años René fundó la empresa de ecoturismo ‘Picoloro’ y por consiguiente sus caminatas dejaron de ser un ejercicio aficionado para transformarse en una responsabilidad que hoy sale con grupos de hasta cuarenta personas todos los domingos. Cada tres o cuatro, calcula él, van a las montañas de Jamundí y caminan por-entre-y-bajo el río más hermoso que tiene el departamento, cuando al sur su mapa se acaba.

Es un recorrido que alcanza extenderse por seis horas que adentro del agua no se sienten como suenan. Río-claro tiene largos pedazos de piedras ovaladas que pueden caminarse sin mayores líos de equilibrio en medio de corrientes ligeras; también remolinos que complican el equilibrio y charcos muy hondos donde la única posibilidad feliz es nadar.

Los charcos son espejos verdes por el reflejo de los árboles y árboles que a las orillas van cruzando el cielo. Y por las montañas, también. En dos kilómetros de caminata es posible que aparezcan cinco-seis piscinas mansas y transparentes, con dos o tres metros de profundidad para hacer clavados o ‘caretiar’ pescaditos de rayas que se ven cerca de las últimas rocas del fondo. El trabajo de René, además de guiar a la gente, también consiste en escoger la ruta menos resbalosa entre las piedras o saltar a los charcos para comprobar qué se puede, o no se puede, hacer allí dentro. Afuera del agua y mojado sobre una piedra, es decir acomodado en su oficina, René sonríe sin mirar el reloj.

Foto: Áymer Andrés Álvarez / Reportero Gráfico de El País

Jamundí

"Jamundí arriba es un mundo tan bonito, que hay un punto al que le dicen ‘El Paraíso de las Cascadas’ "

En imágenes: deléitese con un buen cholado jamundeño y uno de los ríos más bellos del Valle

Jamundí , ubicado al sur del Valle del Cauca, es mucho más maravilloso, que la maravilla de sus cholados. Descúbralo en este recorrido fotográfico.


“Los charcos son espejos verdes por el reflejo de los árboles y árboles que a las orillas van cruzando el cielo. Y por las montañas, también. En dos kilómetros de caminata es posible que aparezcan cinco-seis piscinas mansas y transparentes, con dos o tres metros de profundidad para hacer clavados o ‘caretiar’ pescaditos de  rayas que se ven cerca de las últimas rocas del fondo”

Foto: Áymer Andrés Álvarez / Reportero Gráfico de El País

Jamundí

Cholado jamundeño.

Jamundí tiene otros atractivos, por supuesto. Ahí está el imperdible cholado, que por allá en los 60 salió de un invento del rebusque de Los Bonilla. La leyenda, como ha ido quedando congelada, cuenta que la matrona de esa familia, que se llamaba doña Rosina, empezó a raspar hielo para venderlo comprimido en copos que saborizaba con miel y limón. Años después su hijo Héctor agregó lulo y piña a la mezcla, que llamó ‘Tres Niñas’ y fue la base de la evolución deliciosa que se fue pervirtiendo con jarabes de colores, frutas frescas y leche condensada. Ya es historia vieja que allí en Jamundí fuera inventado ese refresco maravilloso que se toma con cuchara y pitillo. Y a sorbos. Y a mordiscos.

Los vasos los sirven decorados con cascos de manzana y mango maduro. Y una galleta wafer. A la entrada del pueblo hay una plazoleta, el ‘Parque de los Cholados’, donde están ricos a toda hora. Y dan buena ñapa de lechera.
Jamundí también es conocido por sus balnearios: ‘Los Guayabales’, famoso por el buen rumbiadero que ha sido, y ‘Las Veraneras’, donde tienen un tobogán que comienza arriba de una torre de quince metros. Están las madreviejas de ‘Guarinó’ y ‘La Guinea’, en los corregimientos de Quinamayó y Robles. La madrevieja ‘El Avispal’, donde todavía hay nutrias nadando.

Los petroglifos que en el corregimiento Peón, muestran los vestigios de nuestros ancestros indígenas. Están las rutas de ciclismo con todos los grados de dificultad habidos y por haber: buen plan rodando desde Comfandi hasta Alfaguara por la Avenida Cañasgordas, juguito de naranja en la rotonda y trochas y más trochas, de Miravalle para arriba.
Hacia Potrerito hay restaurantes de comida típica y a la entrada del pueblo, antes de los cholados, ventas de carne a la llanera, sancocho, y pollo asado para el paseo. Antes del primer semáforo también hay una venta de empanadas de lechona que explican con sus puntas crujientes, y por mil quinientos pesos, que otra de las bellezas de ese municipio es ser un municipio de puertas abiertas.

En el 19-03 de la Carrera 10, desde hace tres años que doña Blanca Rosa Buitrago mantiene en pie ‘El Rancho Tolimense’: salvavidas familiar desde que llegó con las manos vacías, su esposo y sus hijas, viajando desde el Caquetá. Un hermano le había dicho que se instalaran en Cali pero en Cali no hubo quién les alquilara una casa en sus condiciones. Lo que no pasó en Jamundí. Y allí donde les alquilaron empezaron el negocio que hoy ya tiene clientes, dice doña Rosa, que llegan desde Yumbo y Palmira buscando las empanadas. Jueves, viernes, sábado y domingo, sacan lechona y tamal.

“En ese pueblo hace mucho calor y ha tenido épocas de mucha calentura, así que por compensación divina ahí brotaron el cholado y esos heladitos de colores”

Desde hace 48 años, Jamundí tiene, en el 11-32 de la Calle 11, los ‘Helados Monserrate’, que en palito y con sabor a fruta, le derriten el calor al que sea. En ese pueblo hace mucho calor y ha tenido épocas de mucha calentura, así que por compensación divina ahí brotaron el cholado y esos heladitos de colores. Seguro tiene que ser así. Y por eso también una hilera de charcos: hay uno tan fantástico en la vereda La Isla del corregimiento San Vicente, que su nombres es ‘Charco-Escondido’. Quinientos metros arriba está la ‘Cascada de los Espíritus’: un jacuzzi natural único en su género, describen en la revista promocional de la Alcaldía, ‘Jamundí, Turismo por la Región’.

De promotor turístico del municipio anda contratado Arley Belalcázar, un baquiano de 58 años que nació en el pueblo y se conoce tan bien sus montañas, ríos, caminos y rutas, que sirvió de guía para las fotos de la revista institucional. De hecho, de espaldas y camiseta colorada, sale posando en una que otra. Junto a él: GPS humano y seguro de vidas, es que sale a caminar René cuando sube con gente buscando la ruta que por Río-claro termina en Cajones. En el grupo más frecuente que hace ese recorrido, recuerda René, siempre va doña Martha, que tiene 64 años. Y el señor Ómar Salinas, que ronda los 70. Y desde hace dos años nunca le ha pasado nada grave a nadie.

Pero por si acaso ahí está Arley: clavadista profesional de río, capaz de lanzarse en un mojado y salir invicto de rasguños. En los paseos de rivering, él es realmente el probador oficial de charcos para lanzamientos de cabeza. Aunque su termómetro es engañoso: Arley es un temerario sin remedio que sobrevivió al boxeo por más de media vida, con un récord de 16 nocauts a favor y 3 en contra, peleando en peso pluma y ligero.

Foto: Áymer Andrés Álvarez / Reportero Gráfico de El País

Jamundí

Monumento de la vida y la familia.

Buen conversador, caminante del mundo, papá, fotógrafo incontinente, de sus épocas de boxeador se desprenden historias maravillosas a lo largo del río. No parece que tuviera 58 años: pelo rapado, músculos sin arrugas, botas, pantalón caqui. Sin funda, carga un machete en la mano. Presentándolo en el cuadrilátero, llegó a ser anunciado por los parlantes del coliseo como ‘El Visajoso’ Belalcázar.

Una vez, después de una pelea, despertó en un hospital y le contaron que había ganado el combate: lo que sucedió fue que en medio del cruce de golpes a él lo noquearon primero pero resulta que, grogui y en pie, continuó dando puños hasta tumbar al rival. Y a los segundos fue a dar a la lona. Y luego el hospital. Escena a lo Rocky. Estallido de risa. Al boxeador Arley también llegaron a decirle ‘El Dinamita’ Belalcázar.

El Arley de ahora, en cambio, camina sin apodos. Va por la vida así simplemente, ligero y sin cargas, sonriente cada día. Cada tres o cuatro domingos suele terminar de amigo de un montón de gente que lleva René al trabajo. Atrás, el río más hermoso que tiene el Valle antes de terminarse al sur, se mete por las ventanas de su oficina.

Superficie: 655km²
Ubicacion: Sur del Valle del Cauca
Población: 119.532
Gentilicio: Jamundeño
No te puedes perder: La subida a Potrerito. Miradores casi en cada curva. Buena ruta para ciclistas.

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