Un recorrido por Argelia, el pueblo más colorido y solidario del Valle

A cuatro horas de camino y después de muchas curvas trazadas hacia arriba, queda Argelia, un pueblo para subir a contemplar por razones que empiezan en sus cultivos, pasan por su iglesia e incluyen una escuela que no se repite en la región. Pistas de un pueblo donde la distancia fue una fortuna

- Jorge Enrique Rojas

Para subir a contemplar

Para conocer bien-bien a Argelia hay que hablar con Juan Pablo Hoyos Aponte, un muchacho de 32 años que creció siendo agricultor en las montañas de ese pueblo al noroccidente del Valle del Cauca y que con los años también estudió para ser administrador ambiental. Alto, de poncho al cuello y los cachetes rojos de lo amonado que es, Juan Pablo por lo tanto sabe que en ese municipio encaramado en la cordillera occidental, entre El Cairo y Versalles, nada queda más arriba que Paloalto, un lugar exactamente así como lo describe el nombre: la cima de una elevación donde un árbol reventó.
Queda tan arriba que cuando uno llega allá, los problemas llegan con fatiga. O se olvidan, más bien, que es lo que debe pasar al tener de frente la vista que el muchacho pinta posible desde el mirador. Tan alto, que él dice que viniendo desde Pereira, por la vía El Manzano, el árbol alcanza a verse. Y que pasa igual desde Dosquebradas, cuando usted voltea ya para Santa Rosa. Se ve desde La Virginia, es decir desde Risaralda; desde Ansermanuevo y desde Cartago. “Uno se para en Cartago y mira, y sabe que detrás de ese arbolito, allá arriba, está Argelia…” Para llegar a Paloalto hay que subir 2.100 metros sobre el nivel del mar. ¿Cuánto es eso? Desde Argelia, póngale una hora larga.
Pueblo cafetero de toda la vida. Y luchador. Haciéndole frente a las crisis del grano que hubo en otras épocas, y que regularmente regresan como fantasmas familiares, a modo de espanta-pájaros  tienen cultivos de banano, plátano, aguacate y cacao. Es bonito verlos justo por lo que hablan de esas tierras y de quiénes las habitan. Historias de persistencia. Por todas partes. Pero todavía más bonito, dice Juan Pablo, es ir a la vereda La Aurora, que antes se llamaba Serranía de Las Pavas: ¡las pavas han vuelto! Él lo sabe porque allá ha dictado “talleres de sensibilización ambiental con énfasis en avifauna”, y en compañía de sus alumnos las vio. Vienen regresando por todo el cañón del río Vueltas, que con sus aguas verdosas desemboca en Monteloro. ¿A cuánto está eso? Póngale otra hora pero más larga.
Aunque el casco urbano de Argelia se recorre en una caminata de media hora  y toda su población no supera los 6.500 habitantes, la zona rural está a lo ancho y alto de montañas que terminan donde empieza El Cairo, que es el fin del departamento por esa orilla de la Tierra. Por lo cual Argelia tiene montañas que efectivamente acaban muy lejos. Argelia está muy lejos. Al menos de Cali, a 220 kilómetros de camino con un final de curvas que pueden girar por cerca de dos horas. Que se llame Argelia entonces es una alusión sin escalas al otro mundo donde quedó trepado el municipio, distante del Valle más caliente en todos los sentidos de la interpretación.
Otra vuelta. Otro de esos pueblos para los que la lejanía geográfica terminó siendo una fortuna que los blindó de pestes como la del narcotráfico, que allá no alcanzó a echar raíz, asegura el secretario de Gobierno, José Giraldo, de paso contando que ya llevan nueve meses sin muertes violentas. Hablando de fortunas, el Secretario cree que uno de los únicos parques donde un cristiano puede acostarse a dormir la borrachera y despertar con los bolsillos intactos, es el que tiene Argelia. Antes se llamó Medellincito en alusión a los colonizadores, así que allá todo el mundo habla apaisadito.

Foto: Aymer Andrés Álvarez / Reportero gráfico de El País

Argelia

Aunque el casco urbano de Argelia se recorre en una caminata de media hora y toda su población no supera los 6.500 habitantes, la zona rural está a lo ancho y alto de montañas que terminan donde empieza El Cairo.

En imágenes: Argelia, uno de los pueblos más 'altos' del Valle

Argelia queda a cuatro horas desde la capital vallecaucana, su gente es muy conocida por ser muy servicial en su himno una frase “todo el que llega, se le mira con amor”. Descúbralo en este recorrido fotográfico.


“Otra vuelta. Otro de esos pueblos para los que la lejanía geográfica terminó siendo una fortuna que los blindó de pestes como la del narcotráfico, que allá no alcanzó a echar raíz, asegura el secretario de Gobierno, José Giraldo, de paso contando que ya llevan nueve meses sin muertes violentas”

Foto: Aymer Andrés Álvarez / Reportero gráfico de El País

Argelia

En el templo hay misa diaria a las seis y los domingos a las ocho de la mañana, a las diez, y a las siete de la noche. Los vitrales son conocidos como los segundos más bonitos de todo Colombia.

No tanto el secretario de Gobierno, que tiene 29 años y  dice que al argelino se le reconoce sobre todo por su hospitalidad: “Nos hemos caracterizado por ser buenos anfitriones, sobre todo mediante las fiestas patronales de la Virgen del Carmen que son en  julio. El himno tiene una estrofa que dice que todo el que llega se mira con amor…” Desde el edificio de  la Alcaldía, donde el secretario tiene su oficina, se ven Las Gradas de Monserrate, que son 85 escalones empinados sobre una cuesta del barrio que lleva ese nombre y que se alzó como uno de los más visitados del pueblo luego de que los descansos de las gradas quedaran pintados de una forma tan vital, que parece  arte. O que entre las gradas anidaran papagayos.
Simple y bello. Entre los escalones anidan siete bancas de madera y faroles que funcionan. Arriba de todo, una tienda esquinera donde venden bombones y galletas de Milo. Y al frente de la tienda, un mural compuesto por escudos de equipos de fútbol: Caldas, Cali, Real Madrid, Nacional, Santa Fe, Barcelona, la Selección. Pintado por encima de todos, el del América. Quizás también sea una alusión a algo.
Desde las Gradas de Monserrate el parque se ve entero y como ocurrirá siempre que se levante la vista buscándolo, lo más sobresaliente es la palma de tallo flaco como cuello de jirafa que se le estira en toda la mitad. Si bien lo que el secretario de Gobierno dice es cierto, que la belleza de la palma está en la tozudez que la ha mantenido más de medio siglo erguida ante vientos y lluvias, lo que está bello es también el termómetro que representa: Argelia tiene una temperatura promedio de 18 grados por lo que no hace falta un árbol frondoso que garantice el fresco en el parque, amañador pues a toda hora.
Con ese clima que por las noches baja tres o cuatro grados, un señor dice que es muy sabroso sentarse ahí en la plaza a contemplar las estrellas y tomarse unos tragos. Pero si el sereno se pone jodido, cruzando la calle queda la Fonda Cafetera La Última Copa. E igual de cerca quedan la Fonda Argelia, el Café Nevado, el Estanquillo Los Guaros y los Billares Plaza. Es más, si el sereno se sigue complicando, al frente de los billares está el hotel El Arriero, con habitaciones a 30.000 pesos  noche y 50.000 si además del sereno, se registra otra compañía.
Dormir en ese pueblo, dice Juan Pablo Hoyos Aponte, que como agricultor se lo conoce completico, es otra belleza. Y no solo porque el calor jamás vaya de visita sino por la calma: “Aquí usted puede dormir con la puerta abierta, dejar la moto afuera en la calle, salir en la madrugada a caminar… Aquí no ha habido presencia directa de grupos ilegales. Aquí nunca se han tenido noticias de una mina quiebrapatas en el campo…”
De lo que sí saben en Argelia, cuenta el muchacho, es la de la belleza que tienen los vitrales de la iglesia, adornándola y filtrándole la luz en colores desde que el templo fue construido el otro siglo. Giovanny Díaz, de pelo y barba como apóstol bíblico, y sacristán desde hace dos años, escuchó que los vitrales fueron traídos desde España y que los que han sufrido alguna avería han sido reparados conservando la técnica original. Los vitrales, que van narrando el viacrucis, son los segundos vitrales más bonitos que hay en todo Colombia, dice con voz de prédica el sacristán, agregando un dato: en el templo hay misa diaria a las seis y los domingos a las ocho de la mañana, a las diez, y  a las siete de la noche.

“De lo que sí saben en Argelia, cuenta el muchacho, es la de la belleza que tienen los vitrales de la iglesia, adornándola y filtrándole la luz en colores desde que el templo fue construido el otro siglo. Giovanny Díaz, de pelo y barba como apóstol bíblico, y sacristán desde hace dos años, escuchó que los vitrales fueron traídos desde España y que los que han sufrido alguna avería han sido reparados conservando la técnica original”

Pero entre todas las cosas bonitas que ha visto en el municipio, a Juan Pablo Hoyos Aponte, que se lo conoce de arriba hasta abajo, hay una en especial que le alegra más que todas. O al menos eso dicen sus ojos, platos sonrientes cuando empieza hablar de la escuela Cristóbal Colón, en la vereda La Aurora, la misma por donde las pavas revolotean de regreso.
Hace año y medio, cuando los profesores Nercy Figueroa y Luis Gonzaga Ospina llegaron ahí, se propusieron pintarla completamente puesto que por esos días tenían más alegría los muros de un hospital. Y la forma de hacerlo fue convocando la solidaridad: la Alcaldía puso diez cuñetes de pintura, se sumaron los colectivos Arte Viral e Identidad Argelina, y los padres de familia de los alumnos, la mayoría campesinos, donaron la comida de los artistas, que se mudaron a la vereda durante el tiempo que duró la obra. Entre los profes juntaban para pagarle a una señora que le cocinara a los muchachos. Y así, todos terminaron pintando. Juan Pablo, que es agricultor, también pintó.
El resultado son murales que hablan del suelo al techo contando de la fauna en forma de ciempiés, un barranquero, una pava, un pájaro carpintero y un gallo de cresta colorada, entre otras plumas. Hay monos aulladores, paisajes indígenas ancestrales, el cosmos y sus planetas, personajes míticos de la tradición oral. Un duende pescando libros. La Madremonte recordando la importancia de cuidar. De cuidarnos. Arboles con enredaderas. Árboles con hojas rojas. Nubes a las que se le descuelgan rayos inocentes. Y mensajes en caligrafía de grafiti: “Paz”, “Respeto”, “Vida”, “La imaginación es infinita, úsala para crear”, “Para ser libres debemos escribir nuestra propia historia”. Desde que los murales existen, el profesor Luis Gonzaga ha visto que los niños son más participativos, que llegan más entusiasmados, dice.

Foto: Aymer Andrés Álvarez / Reportero gráfico de El País

Argelia

Escuela Cristóbal Colón en la Vereda la Aurora.

Ahora lo único que falta con urgencia, muestra el profe, son los vidrios para las ventanas. Pero ya un señor de Argelia dijo que los iba a donar. Por las ventanas, la mayoría de los salones quedan viendo hacia la carretera que continua hacia la vereda. Es una destapada en buen estado y con muy poco tránsito. En la escuela hay 37 alumnos y el momento de mayor congestión es cuando los padres de familia llegan en moto y o pie, para recogerlos a las dos de la tarde. Se van viendo el paisaje que les llena el panorama. Escuchando el viento que suavecito silva susurros. Las pavas están de regreso. Parado en un montículo de pasto desde donde se ve todo, el cielo, las montañas, los salones, las pinturas en los muros, el profesor Luis Gonzaga se queda contemplando la escuela. Sonríe. En todo el Valle, no hay una de ese color.

Superficie: 87km²
Ubicacion: Norte del Valle del Cauca
Población: 6.440 habitantes
Gentilicio: Argelino
No te puedes perder: Una visita por las hermosas vitrinas de la Iglesia principal de Argelia

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