San Pedro, un pueblo de músicos en pleno centro del Valle

Debe haber más músicos que futbolistas. Su plato típico se llama trasnochado. Crónica de un hallazgo distinto y feliz en el centro del Valle.

- Jorge Enrique Rojas

El planeta San Pedro

Hay un planeta donde los trasnochados huelen muy rico: queda en todo el centro del Valle, está después de Buga, se llama San Pedro y es un pueblito con 18 mil habitantes donde doña Ana Lícida García los prepara únicamente de sábado para domingo, cuando los pone a la venta desde las cinco de la mañana por 700 pesos.

Entonces desde esa hora está abierta la puerta de su casa, frente al parque, que es donde los hornea. Y entonces desde esa hora empieza a entrar la gente, que sigue hasta el fondo buscando la cocina en dirección del olor. O del perfume, porque estamos hablando de pan. De pam, que pronunciado con la M que nos lo amasa en el acento vallecaucano, huele más rico. Siguiendo el perfume, entonces, entra gente que compra para llevar y comer en familia. Entra gente que compra por encargo. Entran clientes que no aguantan y se los comen allí mismo. Y entran los otros trasnochados: los borrachitos; de vez en cuando se aparece uno que otro buscando desayuno, recuerda doña Ana Lícida, que muy risueña va contando de días en los que hasta les sirvió una taza de café.

Suena en verdad a otro planeta, ese pueblo que lleva por nombre el de un santo. Mayerly Mendoza, que tiene 44 años y todos viviendo allí, dice que allí es común ver casas con las puertas abiertas hasta la hora del olvido y que hay ocasiones en que a ella misma se lo han tenido que recordar con un grito que a las once de la noche oyó desde la calle: “Vecinaaaaaaaa… tiene la puerta abierta…” Mayerly es la manicurista de doña Ana Lícida. Y las manos de doña Ana Lícida una suerte de tesoro municipal incluido en la lista de los principales atractivos que tiene San Pedro, según cuentas del propio director de la Casa de la Cultura, Carlos Alberto Lozano.

Doña Ana Lícida nació el primero de febrero de 1936 y en la casa donde vende los trasnochados, el 4-62 de la calle Quinta, vive desde 1957. Con la venta empezó desde el 2010, más o menos, después de una charla con su amiga, la señora Amparo Ospina, que por ese tiempo le hizo caer en cuenta que nadie más había vuelto a hornear trasnochados en el pueblo; y la señora Amparo lo sabía con conocimiento de causa porque durante cien años la fórmula original estuvo dando vueltas en las manos de las mujeres de su familia, hasta que prácticamente no quedaron más manos con la dedicación para ese menester. La señora Amparo, por ejemplo, ya vive en Cali. Entonces para que la tradición no se perdiera le cedió la receta a su amiga.

Es como si una arepita de panadería hubiera despertado tarde en la noche con hambre en la vitrina, y se hubiera comido un pandebono; comerse esa arepita, es comerse un trasnochado, le digo yo, intentando describir aquel sabor único, que al mismo tiempo puede contener gustos muy conocidos. Pero todo es aún más sano de lo que supone esa descripción elemental: “Es muy diferente a un pandebono. Los trasnochados son una obra artesanal: el valor se los da la hoja de plátano con que se cubre la masa cuando está lista; que se prepara la víspera y por eso es que se llaman así”, dice la señora Amparo por teléfono. San Pedro, pues, tiene los trasnochados más inofensivos del mundo.

Llevan queso campesino. Por una de maíz, dos de queso molido. El resto es un pedacito de arracacha, uno de yuca y uno de panela. Se amasa en la noche anterior, se arman y eso es todo, dice doña Ana Lícida vestida en una de esas sonrisas largas que se ponen los magos después de sacar un conejo del sombrero.

Suena a otro planeta, ese pueblo a dos peajes y hora y media de Cali. Suena a otro planeta y no es poesía porque allí nació el maestro Luis Mario Lopeda, un músico virtuosísimo cuyo legado puede verse hasta en medio de los baldosines del parque, adornado con apliques de instrumentos pintados: guitarras, flautas, clarinetes, tambores.

Y en el monumento central. San Pedro es el municipio musical del Valle gracias a ese hombre del siglo pasado, que hasta que murió vivió enseñando lo que sabía. Fue así como en 1974 montó una banda de música (percusión y vientos) que se hizo célebre en toda la región, cuando la región era un patria chica con solo tres orquestas; una en Cali, una en Palmira y una en Cartago.

Foto: Áymer Andrés Álvarez / Reportero Gráfico de El País

San Pedro

Trasnochado

En 20 imágenes: conozca los trasnochados del Centro del Valle, su gente, su música y su sabor.

En San Pedro debe haber más músicos que futbolistas. Su plato típico se llama trasnochado.


“Suena a otro planeta, ese pueblo a dos peajes y hora y media de Cali. Suena a otro planeta y no es poesía porque allí nació el maestro Luis Mario Lopeda, un músico virtuosísimo cuyo legado puede verse hasta en medio de los baldosines del parque, adornado con apliques de instrumentos pintados: guitarras, flautas, clarinetes, tambores”

Foto: Áymer Andrés Álvarez / Reportero Gráfico de El País

San Pedro

Doña Ana Lícida, la mujer detrás de los deliciosos trasnochados.

El chisme más bonito de la región cuenta que la banda sonaba tan bien, que al maestro Lopeda se lo quisieron llevar de la orquesta de Lucho Bermúdez; y de La Billos Caracas Boys, pero él nunca se quiso ir de San Pedro. Y entonces así un día San pedro tuvo la mejor banda de todo Colombia. Aunque el Maestro no pudo verlo, su semilla llevó a la Banda Santa Cecilia, que es como se llama la banda municipal, a ganar el gran Nacional de Bandas que se celebra en Paipa: “En 2011 fuimos elegidos como la Mejor Banda Fiestera de Colombia”, recuerda Carlos, de la Casa de Cultura, muy contento, porque él hizo parte de la agrupación tocando el bombardino. El año siguiente, ya sin Carlos, ganaron el premio de la simpatía que, traduce él, es el premio que refleja el clamor del público. Así que tampoco es poesía: suena bien esa banda que lleva por nombre el de un santa.

Carlos ahora es profesor de chicos de distintos tamaños que siguiendo la tradición ocupan su tiempo libre estudiando música. Así como en los tiempos del maestro Lopeda. E igualmente gratis. Claro que no con la precariedad de los primeros años del Maestro, como cuando don Nelson Mendoza, de 61 años y hoy saxofonista de la Santa Cecilia, comenzó a estudiar: “Éramos doce queriendo aprender a tocar saxofón y había dos saxos….”

Hoy día en cambio, hay instrumentos y espacios para que los muchachos ensayen, por lo que en el pueblo puede resultar tan fácil encontrarse chicos caminando con una guitarra al hombro, como los que van por la calle pateando un balón con destino a la cancha de fútbol. Pero es probable que sean más los músicos que los futbolistas. Don Nelson Mendoza cuenta que él se metió a la música desde el bachillerato porque para aquel momento esa era la diversión más sana que había en San Pedro.

Y que así también lo hicieron muchos de sus amigos, mozalbetes de la época rondando los 18 -20 años, que en algunos casos ayudaron a que los genes de ese arraigo musical pasara de una generación a otra: Julián, uno de sus dos hijos, hizo parte de la banda juvenil del municipio. “Aquí hay mucho talento. Y se da natural…”

Entre los atractivos de San Pedro que Carlos resalta en su lista junto a los trasnochados de doña Ana Lícida están los semilleros musicales, en este momento con 45 peladitos que desde los 12 años aprenden a interpretar algún instrumento y se llevan esa herramienta para la vida. Para donde sea que la vida los lleve. O que ellos lleven la vida.

Ahí está Pasión Bachata, un grupo de nueve chicos que interpretando el género que marcan desde el nombre ya ganaron premios en Miami. ¡Y en Cali, el año pasado!, cuenta Jimmy ‘Percussion’ Corrales, de 26 años y encargado de las congas: “Fueron los Premios Núcleo Urbano y ganamos en una votación del público por encima de Romeo Santos. ¡En el pueblo nos recibieron con el carro de bomberos!”.

“Los domingos desde hace un tiempo, varios de ellos, y personas del pueblo, músicos, parejitas de novios, se van a pasar el día Playa Alta, un centro turístico que queda en el kilómetro cuatro de la vía a la vereda Angosturas. Alquilan caballos sin nombre a cinco mil pesos la hora y se van a recorrer la montaña; nadan en tres charcos surtidos por las aguas de la quebrada Artieta”

Holman Ulloa, que tiene 23 años y en el grupo toca la guitarra pero en la vida también el violín y el bajo, y además canta, sonríe y dice que en San Pedro si se levanta una piedra salen tres músicos: “La música en este pueblo significa todo. Uno está ligado a la música por donde sea…” Así que de una u otra forma, la bachata, que suena tan lejana como para sonar bien en ese pequeño planeta perdido en el centro del Valle, les suena realmente bien. Fue una idea que surgió del cantante, Jaison, que igual pudo haber escogido rock, antillana o samba brasilera para tocar con sus amigos: músicos de sangre que un día, irremediablemente, se iban a juntar para hacer música. Con Pasión Bachata ya estuvieron de gira por República Dominicana, Ecuador, Estados Unidos y Panamá.

Jimmy ‘Percussión’, además, es un artista de artistas que en su teléfono tiene guardadas fotos y videos de famosos cantantes de salsa que mirando a la cámara lo saludan y celebran lo que hace lejos de las congas: el chico tiene una microempresa que produce baquetas para timbales y que ya surte a orquestas de la salsa brava puertorriqueña. Jimmy también es baterista y un día, intentando resolver el extravío de una baqueta, empezó a idear la forma de hacerlas en el pueblo; porque el pueblo tiene una tradición ancestral en la producción artesanal de tacos de billar. De modo que él creyó que de la misma forma que se torneaba un taco, podrían darle forma a una baqueta. Las que él diseñó quedaron tan bien hechas que ya las buscan de lugares donde se las pagan en dólares.

Foto: Áymer Andrés Álvarez / Reportero Gráfico de El País

San Pedro

Profesor de música Carlos.

La tradición de los tacos en San Pedro la empezó el señor José Rafael Rojas Alvarado, un antiguo recaudador de impuestos, gran billarista ya fallecido, que le pasó la receta a su hijo, don Ramiro de Jesús Rojas Giraldo, hoy de 58 años y con cientes que le piden piezas tan elaboradas como para mandar a traer madera de Maple del Canadá. Hay clientes que le piden una incrustación con la foto de la mujer o de los hijos. Y hay clientes que van por tacos de 40.000 pesos. Y los encuentran.

En la calle Cuarta 5-61 están los Billares San Pedro, donde los sábados por la tarde pasa mucha gente. El pueblo es también la capital avícola de Colombia porque en las granjas que hay en su jurisdicción se produce un millón y medio de huevos diarios. Así que hay muchos trabajadores por ahí. Y también los hay arriba de sus montañas, donde el calor se esconde para que puedan germinar cultivos de lulo.

Los domingos desde hace un tiempo, varios de ellos, y personas del pueblo, músicos, parejitas de novios, se van a pasar el día Playa Alta, un centro turístico que queda en el kilómetro cuatro de la vía a la vereda Angosturas. Alquilan caballos sin nombre a cinco mil pesos la hora y se van a recorrer la montaña; nadan en tres charcos surtidos por las aguas de la quebrada Artieta.

En uno de ellos, el más grande y hondo, la atracción principal es el trampolín natural que ofrece la rama de un árbol. O lanzarse balanceándose de una cuerda. Jorge, el administrador, dice que desde hace tres meses siempre se llena los fines de semana. La gente va feliz a saltar al agua. A ser feliz con lo simple. Parece otro planeta ese pueblo.

Superficie: 278.48km²
Ubicacion: Centro del Valle del Cauca
Población: 18.180 habitantes
Gentilicio: Sampedreño
No te puedes perder: Los trasnochados de Doña Ana Lícida, frente al parque principal del Municipio.

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