Restrepo, el paraíso de las piñas que seduce a los turistas

Se llama Restrepo en homenaje al apellido de un Presidente. Pero antes se llamó La Culebrera. Y había muchas culebras. Pero hora hay mucha piña. Y un clima dulcecito. Crónica de uno de esos lugares donde las maravillas están en las esquinas del día a día.

- Jorge Enrique Rojas

Las sutilezas de la cotidianidad

La señora que estaba en la Alcaldía tenía razón: uno de los espectáculos de Restrepo es la plaza de mercado. Resulta hermosa la forma diaria que tienen los vendedores para arreglar la fruta y disponer la comida, al alcance de la mano y los canastos de la gente. Comida fresca todavía oliendo a pasto y tierra húmeda, en su gran mayoría proveniente de ahí no más, de las montañas que le van dando la vuelta al pueblo.

Como la plaza de mercado queda al frente de la Alcaldía, entonces la señora cada que pasa por las mañanas tiene chance de contemplar esa maravillosa simpleza en movimiento. Y por eso fue que el otro día, luego de escuchar los atractivos que recomendó John Mario González, el coordinador de Cultura y Turismo del Municipio, ella quiso que en la lista de sugerencias también quedara incluida.

Porque todas la recomendaciones de John Mario son imperdibles: la Reserva Natural Ríobravo, donde hay cascadas en medio del bosque; el parque principal, que es un parque-museo con un recorrido que cuenta la historia que ahí tuvieron Los Calimas; la Ruta de la Fruta, que en la finca La Cabaña exhibe en brotes maduros la generosidad de los cultivos extendidos de ese lado del Valle. Todos espectáculos. Y todos cerca. Pero ninguno tan cerca como la galería, ahí a una calle.

Tenía razón la señora. Es como las plazas de mercado de antes, de hace muchos años, armadas a cielo abierto y sin necesidad de muros ni rejas, ni encierro de ningún tipo. Hace tiempo, no se sabe cuánto, pero hace tiempo, la resistencia al sol la ponía un samán corpulento y de varios brazos que se vino abajo. Cosas del tiempo. De muchísimo tiempo, porque esa plaza de mercado ha estado ahí toda la vida así que suena natural la muerte del gigante. En el centro, a cambio, sigue vivo un busto en honor al Libertador. Así que quizás esa sea la única galería que existe con un monumento a Simón Bolívar. De varias formas, un espectáculo.

Al estar libre de paredes, a la galería no solo entran animales muertos y despresados para la venta, sino también llevando jinetes al anca, como pasó este miércoles antes del mediodía cuando Hermes López llegó cabalgando un moro sin nombre pero bien ensillado. Había quedado de encontrarse con don Diego Reina, negociante de ganado, mulas y potros, que sin necesidad de quitarse el sombrero supo que le estaban pidiendo mucha plata por la bestia. Entonces no llegaron a nada pero se quedaron conversando en una esquina.

Sin muros ni rejas y atraídos por el olor de la fama y los hervores de las ollas puestas por las señoras que venden desayunos y almuerzos con caldo, por la plaza cruzan perros amarillo trueno, negros con luceros en el pecho, vagos de bigotes retorcidos, lanudos, pulgosos, risueños, de orejas mordidas, todos acostumbrados a la gente pero ninguno amaestrado para verla encima de los caballos, por lo que el moro sin nombre y el señor Hermes López se ganaron un escándalo de ladridos que se fue apaciguando a medida que se dañaba el negocio y el moro descansaba de galopar sobre el cemento. Así es la música de ese lugar. Ladridos y relinchos a cambio de parlantes colgados en el techo, de donde puedan salir desafinadas canciones en tono de música carrilera. En serio que es linda esa galería.
Allí por ejemplo tiene puesto una doña que se llama Sol Vásquez. ¿Cómo será llevar tanta luz en el nombre? Sol es bella, radiante, alegre, cálida. O al menos así se ve hablando; de modo que sus padres no la erraron en la pila del bautismo. Sol se ríe. Lleva doce años vendiendo comidas y con su sazón le ha iluminado el mundo a mucho comensal que ha vuelto a la vida ahí, empuñando una cuchara en su mesa. Este miércoles, por seis mil pesos, al almuerzo estaba sirviendo sancocho, arroz, pecho sudado, fríjoles, ensalada y aguadepanela. Cuando le queda tiempo entre tanto quéhacer, este Sol también se dedica a cuidar un jardín diminuto que cultiva alrededor de un árbol que crece al lado de su puesto. Ella dice que no le importan mucho los nombres de las matas ni de las flores que ahí van saliendo sino verlas crecer. Y como crecen tan bonitas, el nombre efectivamente es una pequeñez sin importancia bajo los rayos del sol.

Foto: Ricardo Ortegón / Especial para El País

Restrepo

Plaza de mercado de Restrepo

En imágenes: dese un paseo por este recorrido fotográfico para conocer a Restrepo

Gran parte de la economía de Restrepo se basa en la agricultura, especialmente en café y piña. Conozca este pueblo en este recorrido fotográfico.


“En La Cabaña, efectivamente, la tierra se muestra generosa: bananito, pitahaya, piña oromiel y suficientes árboles de macadamia como para sacar toneladas de esa almendra exquisita”

Foto: Ricardo Ortegón / Especial para El País

Restrepo

Macadamia en Restrepo

Para María Eugenia Ríos, una artesana que hace 58 años nació en Restrepo, las manifestaciones de la naturaleza son el mayor espectáculo que tiene ese municipio, distante a dos horas de Cali por cualquiera de las dos rutas que desde la capital del Valle hay trazadas para llegar hasta ahí: vía Yotoco-Puentetierra-Restrepo, o La cumbre-Pavas-Retrepo. Allí pues, el lugar favorito de María Eugenia es el Cañón del Ríobravo: “Un espacio para conectarse con el interior y aislarse del ruido y el bullicio. Uno de esos lugares que el mundo tanto necesita…” Al hablar de ese sitio su relato se ve en dos colores repetidos: Verde-verde-verde, agua-agua-agua. Quien quiera llegar al cañón debe destinar al menos mediodía de su tiempo. O invertir en su tiempo.

Cerca, casi tan inmediato como la plaza de mercado, el otro lugar que le gusta mucho a María Eugenia es la sede que la Asociación de Artesanos Unidos tiene en la esquina de la Carrera 15 con Calle 10, en el barrio Los Alpes. Un local que la Alcaldía les cedió en comodato no solo para que exhibieran sus creaciones y quedaran allí centralizadas a disposición del público, sino para que organizaran dinámicas que permitan mantener activa la vocación artesana de los habitantes del pueblo. Justo lo que ocurre con las clases de pintura que ofrece María Eugenia: “La gente de acá es alegre, con mucho amor por lo que hacemos…” En la sede, los artesanos han logrado sacar papel de cáscaras de banano, arman aretes, collares, universos de nudos con forma, lógica y técnica de Macramé, libretas, balacas, atrapasueños que funcionan y hasta esculturas logradas a punta de minúsculos dobleces de papel periódico. La paciencia siempre será un espectáculo.

Aunque en pleno centro del departamento, el municipio también es resultado de la colonización paisa que pasó por ahí en busca del norte del Valle. Su primer nombre fue La Culebrera, literalmente porque cuando los primeros pobladores llegaron, tuvieron que lidiar con muchos de esos bichos. Y luego se llamó Restrepo para hacerle homenaje al apellido del Presidente que Colombia tuvo entre 1910 y 1914. Se llamaba Carlos E. Así lo cuenta Darío Betancourt Echeverry en el libro Historia de Restrepo. De modo que por estoes que ese pueblo, como nombre, lleva un apellido.

Tal como lo recomendaba John Mario González, el coordinador de Cultura y Turismo del Municipio, subir a la finca La Cabaña es una de las cosas imperdibles para un visitante del pueblo. Hay que tomar la vía a la vereda Buenvivir. Buen Vivir: imagínese el nombre. En el camino, a lado y lado de la carretera, los penachos verdes y puntiagudos de las piñas en cosecha, llenan el ancho de muchos de los sembrados que alcanzan a verse. La señora Blanca Nubia Hernández, que tiene cultivos desde hace diez años en la vereda La Palma, muy cerca de ahí, dice que además de la tierra, que es tan buena para el trabajo, y de la gente, que es tan buena y tan noble, ella con lo que vive encantada es con el clima. Para dar la medida exacta dice simplemente que es una delicia para dormir. A veces la señora Blanca Nubia pasa varios días de la semana en Palmira y el cambio de temperatura es tan brusco, cuenta, que cuando va llegando a Buga sele ponen las orejas calientes.

“Aunque en pleno centro del departamento, el municipio también es resultado de la colonización paisa que pasó por ahí en busca del norte del Valle. Su primer nombre fue La Culebrera, literalmente porque cuando los primeros pobladores llegaron, tuvieron que lidiar con muchos de esos bichos. Y luego se llamó Restrepo para hacerle homenaje al apellido del Presidente que Colombia tuvo entre 1910 y 1914”

En La Cabaña, efectivamente, la tierra se muestra generosa: bananito, pitahaya, piña oromiel y suficientes árboles de macadamia creciendo como para sacar toneladas de esa almendra exquisita. El señor Fidel Torres, que está encargado de la finca, cuenta que también están empezando con lulo. Por eso, dice él, allí llega mucha gente que quiere estudiar la forma en que han logrado llevar a cabo todos esos cultivos. Y turistas. Turistas que también quieren ver el espectáculo. Simple y maravilloso.

El señor Fidel Torres tiene 45 años y nació en Trujillo, pero ya lleva diez años en Restrepo. Todos trabajando en esa finca. Muy amañado. Todo muy tranquilo, dice. Claro que los sábados, cuando baja al pueblo, eso sí, se queda “impresionado” de toda el gentío que se ve por aquí y por allá. Por el parque, por la plaza de mercado, a la vuelta de la Alcaldía, por todo lado, porque todo lado hay comercio. Y mucha gente porque Restrepo es en cierta medida un cruce de caminos: por allí se puede pasar para ir al Lago Calima, para no dar más vueltas. Y muchas de las personas que los fines de semana van al Lago Calima, bajan a Retrepo a hacer mercado o a comprar cosas. Como baja gente de fincas y casas de veraneo construidas en los alrededores. El Lago queda a quince minutos de camino.

Foto: Jorge Enrique Rojas

Restrepo

Arepitas sin sal de Doña Ninfa

Hay quienes discuten que entones el Lago, por su cercanía, también es un atractivo del pueblo. La discusión está en que el Lago queda en jurisdicción de otro municipio, por lo que todas sus gracias corresponden a esos linderos y bla-bla-bla… Pequeñeces bajo el sol de Restrepo. El Lago es de todos y está ahí no más. A quince minutos.

Lo que nadie discute en el pueblo es que una de las cosas más ricas que puede comerse por ahí sean las arepas de Doña Ninfa, que hace 30 años le da nombre a una parrilla a la vuelta de la Alcaldía. Como Doña María Ninfa Perlaza anda en Chile, trabajando de chef en un restaurante, su hija Tania Belén cuenta que ella se ha hecho cargo del negocio conservando la misma receta de la masa que hacía su mamá; y los tiempos de la masa al carbón. Entre arepas delgadas y blancas, redondas y pequeñas para acompañar la sopa, y asadas con queso, todos los días vende unas 800, calcula. Y sonríe. De ese tamaño es el espectáculo. Si quiere probarlo, no se distraiga viendo pasar la vida por la plaza de mercado. A las once de la mañana, donde Doña Ninfa, regularmente solo quedan arepas sin sal.

Superficie: 135km²
Ubicacion: Centro del departamento del Valle del Cauca
Población: 16.227 habitantes
Gentilicio: Restrepeño
No te puedes perder: Visita a la finca La Cabaña donde hay bananos, pitahaya, piña oromiel y suficientes árboles de macadamia como para sacar toneladas de esa almendra exquisita.

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