¿Por qué Alcalá es uno de los destinos cafeteros favoritos de los europeos? Descúbralo

La sombra de un samán le da forma a uno de los municipios más pequeños del Valle. Uno de esos lugares raros donde el tamaño no importa: crónica de un pueblito  con gran vocación hotelera.

- Jorge Enrique Rojas

Un pueblo debajo de un árbol

Alcalá es un pueblo tan pequeño que en el parque tiene sembrado un solo árbol y con eso todo el parque tiene sombra. El árbol es un samán hermoso: el otro año cumplirá un siglo de haber sido sembrado en ese lugar, el centro del municipio, por lo que sus raíces pasan por debajo de la Alcaldía, que está al frente, como la iglesia, el café, la panadería, el asadero de pollos, el banco y un bebedero. Las raíces pasan por debajo de la galería, que como allá todo queda cerca, queda al frente de la Alcaldía. Y puede que lleguen hasta la choricería que está bien abajo, la del ‘Mocho’, que queda por la variante saliendo hacia Quimbaya, dice Yamileth Grajales, encargada del Archivo Histórico del Municipio.

Hacia ese lado de la geografía cafetera colombiana es que se encuentra Alcalá, limitante al suroriente con el Quindío, por lo que desde sus puntos más altos y por las noches alcanza a verse parte del vecindario después de cruzar la frontera: Filandia, Montenegro, La Tebaida, Pereira. Quimbaya, claro. Incluso más allá, porque a Manizales la han visto titilar en la oscuridad. Entonces este es otro de los tantos pueblos del norte donde el ADN de la colonización caldense y antioqueña aparecerá por las esquinas caminando.

No tanto como en El Cairo o en Versalles pero sí lo suficiente como para que el ‘ponche’, aquella bebida fermentada de panela que en la puerta de las escuelas del Valle con cariño apodan ‘cólico’, de ese lado de la frontera ya se llame ‘forcha’, que es como mejor se reconoce entre los paladares paisas. En los restaurantes que hay en la subida hacia el pueblo el desayuno que más se consigue es el calentado de fríjoles con arroz y arepa. Y altísimas probabilidades de que si un cliente incurre en la obviedad de preguntar con qué viene el plato, la dependienta responda “con chorizo, chorizo y más chorizo…” Colgados sobre las brasas que casi todos los negocios tienen al borde de la carretera, los chorizos amarrados en tira permanecen ahumándose como un aviso luminoso imposible de no oler en un par de curvas. Los especialistas de ese sabor juran que los de la vereda El Dinde, son tan buenos como los de Santa Rosa de Cabal.

Foto: Oswaldo Páez / Reportero gráfico de El País

Alcalá

Adentro de la iglesia del Parque Principal se puede ver el enorme Samán que abriga a Alcalá.

En imágenes: Alcalá, el pueblo del Valle abrigado por un hermoso Samán

Alcalá es uno de los municipios del Valle del Cauca que hace parte del Paisaje cultural cafetero y fue declarado en el año 2011, por la UNESCO, como Patrimonio de la Humanidad.


“Hacia ese lado de la geografía cafetera colombiana es que se encuentra Alcalá, limitante al suroriente con el Quindío, por lo que desde sus puntos más altos y por las noches alcanza a verse parte del vecindario después de cruzar la frontera: Filandia, Montenegro, La Tebaida, Pereira. Quimbaya, claro. Incluso más allá, porque a Manizales la han visto titilar en la oscuridad. Entonces este es otro de los tantos pueblos del norte donde el ADN de la colonización caldense y antioqueña aparecerá por las esquinas caminando”

Foto: Oswaldo Páez / Reportero gráfico de El País

Alcalá

Hotel 'Bosques del Samán'

Desde 1917, cuando el samán del parque fue sembrado por Rosana Mazuela, que era una buena señora del pueblo, el árbol se convirtió en el símbolo de los alcaínos -el gentilicio de sus habitantes-, cuenta Yamileth, la amable muchacha del Archivo. En la casa de la Cultura hay un retablo de fotos antiguas que en distintas tonalidades de sepia muestra el paso del tiempo extendiéndose a través de sus ramas y bajo la sombra. En otra época allí funcionó el mercado. Y desde siempre por allí ha transcurrido la vida, dice el lustrabotas Luis Amado Restrepo, que lleva 45 años ganándosela con el trabajo que le resulta de los clientes que bajo esa sombra pasan buscándolo para que les resucite los zapatos, casi siempre cafés o negros. Cuando empezó en el oficio, cree ahora a los 61 abriles, una embolada debió valer algo parecido a los dos pesos que por esos años los clientes pagaban en Tuluá. Hoy en Alcalá pagan mil.

El samán, además de a Luis Amado, le da sombra a otros diez negocios que llevan sus raíces en el nombre. Como la panadería. Y el más celebre de todos, el hotel ‘Bosques del Samán’, que queda a diez minutos del casco urbano, subiendo hacia la vereda La Cuchilla. Lorena Coy, la administradora del lugar, una antigua finca cafetera, cuenta que cada año son más los huéspedes extranjeros que llegan para alojarse en distintas temporadas: “El año pasado los que más vinieron fueron alemanes, pero este van ganando los franceses…”

La muchacha dice que ya llevan tres años seguidos obteniendo la certificación ‘Trip Advisor’ y que eso a los europeos les da mucha confianza para venir a disfrutar de una experiencia que no van a vivir en una ninguna otra parte del mundo, cree ella: a las nueve de la mañana o a las cuatro de la tarde, les preparan un recorrido por cafetales para que ellos mismos recojan el grano, lo lleven a la despulpadora y acompañen el proceso hasta que termina en la tostión. Luego pasan a tomar café fresco. Las mujeres hacen todo eso vestidas con pañoleta, canasto y delantal de chapolera; los hombres de sombrero y canasto. Y asimismo hay un recorrido de ordeño todos los días a las siete de la mañana y a las cinco de la tarde.

Lorena cuenta que la mayoría de huéspedes extranjeros que llegan, lo hacen con el propósito adicional de practicar senderismo y avistamiento de aves porque la zona es propicia para ambas cosas. Y ambas cosas se pueden hacer en el hotel, que se estira en un terreno atravesado por cultivos de café, espesos y verdes visibles en una porción del panorama; o del panorama completo cuando los huéspedes se alojan en la ‘casa rústica con hamacas’ y abren el balcón del cuarto. La ñapa es el chance de recostarse justamente ahí, sobre el vaivén de una hamaca, para mecer la soledad o la compañía contemplando el silencio del paisaje. Los cuartos son bien iluminados. Amplios. Muy cómodos y sin un solo exceso en la decoración.

Con capacidad para alojar a 120 personas en otras dos áreas temáticas diferentes –la ‘casa típica cafetera’ y la ‘casa colonial’-, el hotel también tiene piscina, canchita de fútbol, sendero ecológico, puentes de equilibrio y dos mil metros de cable de canopy tendidos alrededor de siete estaciones distribuidas por encima de cafetales. Por eso es que allí, dice Lorena, además de viajeros mayores y jubilados que llegan con mucha frecuencia y ganas de descanso, también es común ver gente atraída por los juegos extremos. Para quienes no son huéspedes, hay un tiquete todo-incluido que permite acceder a los juegos, la piscina, los senderos, al ordeño, el proceso del café. A veces los domingos ese puede ser el plan de muchos alcaínos, dice la muchacha, pero también de gente que ella ha visto llegar en carros con placas provenientes de todo el Eje Cafetero.

“Más arriba, hasta el kilómetro seis por la misma carretera, está el ‘Hotel Ecológico de la Guadua’, construido en ese material, explica su administrador Eliécer Montoya, después de ver la sismorresistencia comprobada que tuvo en algunas de las pocas casas que quedaron en pie después del terremoto de Armenia, en 1999”

Más arriba, hasta el kilómetro seis por la misma carretera, está el ‘Hotel Ecológico de la Guadua’, construido en ese material, explica su administrador Eliécer Montoya, después de ver la sismorresistencia comprobada que tuvo en algunas de las pocas casas que quedaron en pie después del terremoto de Armenia, en 1999. “Y por hacer algo diferente”, dice él. En efecto, algo tan diferente, que desde hace tres años es la sede de los cursos internacionales que dicta el especialista en construcción con guadua, Gustavo Teneche. Sus estudiantes, que han llegado de El Salvador, Nicaragua, Brasil, México, Estados Unidos y de Europa, se hospedan ahí para salir entendiendo, “que con la guadua se puede construir una casa, un gallinero o una mansión…”

Esta semana, entre ellos estaba el francés Cedric Daulor, que decía que uno de los momentos que más le gustaban en ese lugar eran las noches. Una mesa con dos puestos acomodada en la cima de una torre de guadua en la parte de atrás del hotel resulta uno de los miradores con mejor ubicación de todo el pueblo. Hay noches, cuenta el Administrador, en que los ojos de uno realmenten alcanzan a viajar hasta el otro lado de la frontera: Filandia, Montenegro, La Tebaida, Pereira. Quimbaya. Amarilla y en punticos, a Manizales la han visto titilar en la oscuridad.

Foto: Oswaldo Páez / Reportero gráfico de El País

Alcalá

Café 'Millenium' de Alcalá

Los fines de semana, cuenta Eliécer hay gente que sube solo por esa vista. “Y hay gente que sube por el parque de la adrenalina que tenemos: muros de escalar, muro tibetano, 60 metros de canopy y el puente rompe miedos…”

El plan de siempre y para todos, el que le gusta a todos, el que no tiene pierde, es el río, que en Alcalá es La Vieja. En la quebrada Los Ángeles, desviándose antes del puente de la salida para Cartago, hay buenos charcos para nadar y pescar sabaletas, lugares para encender fogones de sancocho y los domingos, pistas de baile. Todo queda cerca, a diez, quince minutos en carro. Muchos de los carros en los que se moviliza la gente son camperos. Hay motociclistas. Pero también puede verse doblando alguna esquina, a un chalán montando un caballo con la rienda corta.

Hay quienes van de suéter. De día no hace frío pero el viento es fresco y por la noches el sueño seguramente hay que conciliarlo haciendo un viaje de doble cobija. La temperatura a toda hora es lo suficientemente baja como para que casi en ningún lugar vendan gaseosa fría: ni en los desayunaderos, ni en el asadero de pollos, ni en la panadería. Tal vez el único lugar donde las hay a temperatura de nevera sea en el ‘Café Millenium’, porque ahí también hay granizados de café, copas de helado, cucuruchos, pintados, carajillos, tinto y un capuchino con canela delicioso, a tres mil quinientos pesos. La dueña del lugar, María Cristina Corrales, explica con una sonrisa que el grano viene de la región alta de Alcalá y que ella misma lo tuesta. Por eso sabe así. Decilcioso. Para completar, viene acompañado con una orejita. ‘Millenium’ está abierto todos los días, de ocho de la mañana hasta más o menos hasta las once de la noche. Aunque lo parezca, Alcalá no está tan lejos. Queda apenas a veinte minutos de Cartago. Cuando vea el samán habrá llegado. Debajo del árbol, también está el café.

Superficie: 63.69km²
Ubicacion: Nororiente del Valle del Cauca
Población: 21.352 habitantes
Gentilicio: Alcalaíno
No te puedes perder: El plan en río La Vieja. Además en la quebrada Los Ángeles, hay buenos charcos para nadar y pescar sabaletas.

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