La Victoria, el mejor ‘mecatiadero’ del Valle del Cauca

La Victoria, al norte del Valle, es hoy un pueblo tranquilo que se ha conservado como un mecatiadero de otra época: en las esquinas se consiguen solteritas. Y hacen empanadas de cambray de verdad. Historia del más dulce lengüilargo.

- Jorge Enrique Rojas

Mecatiadero vintage

Con su voz de megáfono anaranjado y a lenta velocidad de bicicleta, todos los días El Piri sube y baja por las calles de La Victoria contando de la vida y sus extravíos. Va impulsado con pedalazos profundos, eso sí, porque aunque El Piri no es muy alto (mide 1.73) tiene piernas largas. Calza 40 y su bicicleta es una todoterreno verde en la que puede darle la vuelta al pueblo en unas tres horas, dice él, de botas negras brillantes, bluyín, camisa y sombrero alón. Elegancia y cautela de un pregonero con 66 años y más de 50 de experiencia, en ese municipio al norte del Valle donde la resolana tampoco perdona día de trabajo.

En sus recorridos, pues, la presencia de El Piri dobla esquinas y atraviesa barrios recordando y explicando cosas aun sin necesidad de gritarlas a los cuatro vientos, tal como sucede con su infaltable sombrero hablando del cielo amarillo. Algo parecido a lo que ocurre con su apodo, que de aquí para allá pasa contando de la colonización que los cruzó y que ahora puede verse en rasgos tan distintivos como el típico repentismo paisa que hay detrás de la chapa. A los 7 años, cuando empezó a trabajar para ayudar en una casa con nueve hermanos, su nombre era Alberto Rojas; pero acarreando mercados y corotos en una carreta medio estropeada y muy falta de aceite en el rodamiento, los clientes comenzaron a reconocerlo primero por el ruido que hacía el carromato y así se quedó para siempre aun por encima de la cédula: piri-piri-piri-piri… Tiempo después El Piri también vendió periódico y lotería y de ahí, dice, saltó a “la publicidad”.

Lo que más le encargan son aniversarios de muertes y funerales pero también lo buscan para cumpleaños, fiestas, matrimonios y muchas de las urgencias sociales que hoy día podrían comunicarse más fácil por mensajes de texto o Facebook, pero que allá prefieren confiarle a su voz de megáfono anaranjado. De manera que en cierta medida la ocupación diaria del hombre también habla de un pueblo libre de las cadenas de internet: el día que se caiga Whatsapp, ahí estará El Piri. La tarifa de una hora de pregón son veinte mil pesos.

El lunes por la mañana, el mensaje principal que tenía entre las encomiendas era comunicar el fallecimiento de un señor que el pueblo conocía como Kiko. Entonces él lo iba pregonando de esa forma, sin adornos pero con solemnidad: “El señor Francisco Rodríguez Posso, más conocido como Kiko, descansó en la paz del Señor. La familia Rodríguez Posso invita a su velación en la funeraria Santacruz en el día de hoy, y a sus exequias a las tres de la tarde…” Para recordar cada detalle y evitar traiciones de la memoria, El Piri apunta los recados en pedazos de papel que pega del manubrio de la bicicleta, y de la boca crema del megáfono anaranjado, con ganchitos caimán metálicos. El lunes también lo habían contratado para buscar unos documentos: “Se extravió billetera color habana con documentos de identidad a nombre de Juan Pablo Buriticá Gómez. Favor llevarlos a la Calle 11 número 11-90 del Barrio Occidental. Se ofrece buena gratificación…”

Que un pregonero en bicicleta y de 66 años lleve tanto tiempo recorriendo el pueblo sin falta, también habla de un pueblo plano; que en el norte del departamento, sembrado de municipios cafeteros construidos sobre ondulaciones y entre montañas, ya viene siendo un pueblo distinto. En consecuencia, al ser en su mayoría plano, obviamente entre sus atractivos no está la contemplación de los paisajes del silencio y los abismos que se desprenden de las alturas.

Foto: Ricardo Ortegón / Especial para El País

La Victoria

El Piri con su megáfono

En imágenes: al norte del Valle hay un pueblito muy dulce, no solo por su gente también por su gastronomía, conózcalo

La Victoria, al norte del Valle, es hoy un pueblo tranquilo que se ha conservado como un mecatiadero de otra época: en las esquinas se consiguen solteritas. Y hacen empanadas de cambray de verdad. Historia del más dulce lengüilargo.


“Este es un pueblo muy bello, todo el que se va vuelve. Vea, hay gente que se ha ido a Francia, todo eso por allá leeejos, y ha regresado…Yo por ejemplo, yo subí al cielo y volví a bajar: me vieron la lengua muy larga y me devolvieron…” , bromea sentado en el filo de un andén, mientras descansa con el megáfono apagado sacándole chiste a su forma de ganarse la vida: “

Foto: Ricardo Ortegón / Especial para El País

La Victoria

Las solteritas son una fritura de harina de trigo en forma de estrella y tamaño de galleta

A La Victoria, dice El Piri, que se la conoce a oscuras y al revés, la gente va a comer solteritas, pandeyucas y empanadas de cambray. Es decir que a La Victoria se va a mecatiar. Mecatiar así, sin reglas de escritura ni tablas calóricas escritas al respaldo de la comida. “Este es un pueblo muy bello, todo el que se va vuelve. Vea, hay gente que se ha ido a Francia, todo eso por allá leeejos, y ha regresado…Yo por ejemplo, yo subí al cielo y volví a bajar: me vieron la lengua muy larga y me devolvieron…” , bromea sentado en el filo de un andén, mientras descansa con el megáfono apagado sacándole chiste a su forma de ganarse la vida: “… Entonces me afilié a dos funerarias, ¡una para el cuerpo y una para lengua!..” Además de todo lo que tiene reunido en aquel hombre, La Victoria tiene en El Piri, quizás, al único lengüi-largo con buenas intenciones que existe en la región.

El bochinche que se le quedó fuera de alcance, sin embargo, es la razón por la cual las solteritas se llaman solteritas. La señora Luz Dary Serna, que en el 8-97 del barrio Occidental, las vende más o menos desde que abre el ojo hasta que se acuesta a dormir, tampoco lo sabe. Y eso que hace 36 años, cuando se mudó al pueblo, su papá ya las iba ofreciendo con ese nombre. El papá de doña Luz Dary, que era La Unión, las había probado a la salida de un circo y desde entonces se empeñó en replicar la fórmula hasta que finalmente se la llevó para La Victoria junto con la familia.

Las solteritas son una fritura de harina de trigo en forma de estrella y tamaño de galleta para unos seis mordiscos. Recién salidas del aceite, su textura y sabor es parecida a las de los churros. Pero un punto más crocante. Y hasta ahí todo normal. Lo que las hace un mecato sin moldes es la crema con que las sirven, una capa dulce que esparcida a canto de cuchara le llena uno de los lados hasta el nivel de rebosante. La crema se ve como natilla pero el dulce es distinto, más pegajoso, menos arequipe. La señora Luz Dary Serna dice las palabras mágicas: “Fórmula secreta…” Aunque conversando en su casa con doña María del Carmen García, contó que también utiliza harina de trigo para esa delicia de menjurje. Son a 700 pesos.

Doña María del Carmen es una señora muy querida que todo el mundo saluda en el pueblo. Nació hace 67 años ahí, se fue a trabajar, y regresó hace 12 después de jubilarse en una agencia naviera de Buenaventura. Está feliz. “Este es un pueblo muy tranquilo. Y solidario…” Y tiene a Nuestra Señora de Todos los Santos, que es la patrona: una aparición de 1846 sobre un pedazo de madera que fue visto flotando en un zanjón y que ahora es preservada en un oratorio de la iglesia. Rodeada de fieles devotos. El próximo miércoles a las 5:15 de la mañana, cuando por las calles vayan rezando el Rosario de la Aurora en su honor, una de las estaciones se rezara en la casa de doña María del Carmen. Que es de esos fieles devotos. De la Virgen y de las solteritas.

Una vez le tocó la puerta a doña Luz Dary a las ocho de la noche para hacerle un encargo. Claro que se excusa diciendo que era para su sobrino Andrés Felipe, que venía de visita al pueblo. Cada que recuerda la forma en que el chico se las pide, vuelve a saborear el dulcesito del mismo chiste inocente, código del amor entre los dos:

-Tía, no te olvidés de las solteritas…
-No mijo, tranquilo que ya todas se casaron…

En una esquina del parque bajo la sombra de un caucho, donde todo el día las venden con chorritos de leche condensada, tampoco saben por qué se llaman solteritas. Y eso que ese puesto ha estado ahí hace unos cuarenta y piola de años, dice Daniel Fernando Lozano, heredero de una tradición familiar que él sitúa empezando con el bisabuelo Félix, pionero en la venta de solteritas con ponche. Tradición que siguen manteniendo y los clientes persiguen a cualquier hora y sin importar el calor. El ponche es aquella bebida fermentada que en Risaralda conocen como forcha, que viene siendo la misma que a las afueras de varios colegios de Cali, satíricamente –aunque con bastante certeza- llamaban cólico.

“El próximo miércoles a las 5:15 de la mañana, cuando por las calles vayan rezando el Rosario de la Aurora en su honor, una de las estaciones se rezara en la casa de doña María del Carmen. Que es de esos fieles devotos. De la Virgen y de las solteritas”

Uno de esos sabores que deben ser adquiridos desde temprano para que sean siempre defendidos en la memoria a través de las conexiones emocionales que establezcan con el pasado. Como el otro domingo, dice Daniel Fernando, cuando unos egresados del colegio, como unos 40, llegaron en un bus y en carros a comer solteritas con ponche. “Decían que se acordaban de cuando se escapaban a la galería para ir a comer eso. Eso y pandeyuca…”

Entre los mejores pandeyucas de La Victoria están los que don Álvaro Murillas saca a la venta en Las Delicias de David, la panadería que bautizó en honor de su hijo menor y montó en el garaje de su casa, en el barrio Central. Su suegra, cuenta, es de San Luis, el corregimiento del vecino municipio de La Unión donde los pandeyucas fueron inventados. Y son iguales, lejos de ese globo de aire que venden en la ciudad. Estos no, estos tienen el corazón poroso, blando, para morderlo una y otra vez. El secreto, dice don Álvaro, está en el queso que él mismo hace. Su esposa prepara dulce de cebo. Y venden arepas de choclo. Todo fresco del día.

Foto: Ricardo Ortegón / Especial para El País

La Victoria

Como pasa donde la señora Luz Mireya Mondragón Bueno, que en el 3-11 del barrio Fátima, saca para la venta pandebonos, cuaresmeros, arepas y empanadas de cambray que hace en un horno de cuatro bocas que heredó de su mamá. Las empanadas también están lejos del remedo citadino que embute pandebonos con trozos de bocadillo o untaditas de manjarblanco. En La Victoria, las empanadas de cambray salen de una masa que se forma después de moler maíz con queso como base. Y el relleno es construido a partir de afrecho de yuca con miel, queso y clavos. Son tan ricas que hornean 150 y se acaban el fin de semana. Ese fue otro de los bochinches que se le escaparon a El Piri: los lunes generalmente no hay. Como todo el mundo en el pueblo tiene su número, no es raro que un día llamen a preguntarle una cosa de esas. Toca marcarle: 312 7973819. Los teléfonos modernos le parecen “guanábanas”. El Piri, por supuesto, no tiene Whatsapp.

Superficie: 276km²
Ubicacion: Norte del Valle del Cauca
Población: 13.247 habitantes
Gentilicio: Victoriano
No te puedes perder: La delicia de solteritas, una fritura de harina de trigo en forma de estrella y tamaño de galleta

Crónicasde unviaje por elValle

El País recorre el departamento buscando las historias de la región insospechada

Cali

Cali :

Viaje a la última estación de la serie El Valle Está en Vos.

+

Buenaventura

Buenaventura :

Viaje a uno de los lugares más biodiversos del mundo: Buenaventura

+

El Darién

El Darién :

De camino hacia el mar real, en el centro del Valle hay un pueblo junto a un océano diminuto: se llama Calima-El Darién

+