En Zarzal le cuentan la historia del bonbonbum, el dulce más querido de Colombia

Uno de los sabores más recordados por los colombianos es una golosina con corazón de chicle que se fabrica en La Paila, un corregimiento de Zarzal, al norte del departamento. Historia de un lugar donde niños y adultos se vuelven del mismo tamaño.

- Jorge Enrique Rojas

Bonboncito de pueblo

La cara del niño lo dice todo. Está con la boca abierta a un par de metros de una máquina y un operario de nombre Frans Rodríguez, quien sin parar su trabajo va contestando la pregunta más frecuente de los visitantes como él, que siempre se detienen más o menos en el mismo punto de la planta de Colombina con un gesto de asombro similar: ¿Señor, cómo le meten el chicle al Bonbonbum?
La planta de Colombina queda en el corregimiento zarzaleño de La Paila y hoy día es más bien una ciudadela donde conviven dos mil quinientos empleados en distintos turnos. Un recorrido alrededor sus instalaciones dura unas dos horas, cuenta Jackeline Díaz, la jefe de Bienestar Social de la empresa, que cree que anualmente pueden recibir a unas dos mil personas que llegan ahí coincidiendo casi todas en la misma inquietud, la que pregunta por el misterio del bonbón y la goma de mascar. De modo que resolver aquella duda es una urgencia que en ese lugar unifica a adultos y niños en un mismo tamaño. Niños con la boca abierta y sonriente.
 “Tenemos recorridos de colegios, universidades… Y también hay visitas de familias de la región que se fueron a vivir afuera del país y desde allá coordinan parar venir a mostrarle a algún pariente dónde se hace el Bonbonbum, que es un sabor que venimos probando desde nuestros abuelos…”, dice Jackeline.
Y es cierto. Las células de la vallecaucanidad se han alimentado de los platos que heredamos de nuestras antiguas costumbres y necesidades: las de las mujeres de los jornaleros y los corteros de caña que se inventaron el fiambre para traer con vida a sus hombres del durísimo campo. Las de los pescadores del Pacífico que cocinan el mar en un sancocho. Las de las familias que enseñaron a su hijos a reunirse los domingos a la orilla de ese mismo plato, pero lejos del mar, usualmente preparado con gallina y cilantro picado…
Junto a todos esos sabores que nos componen y los que aquí no alcanzan a escribirse, hace más de cuarenta años que la vida nos viene regalando la posibilidad de endulzarla en cualquier momento con aquella golosina, infaltable en toda tienda que se respete desde Jamundí hasta El Cairo. Envueltos en papelillos de colores los bonbones llevan ahí todo ese tiempo, en las vitrinas de exhibición como un alegre recordatorio del chance de voltearle el gusto al día a cambio de una simple moneda: durante los últimos diez años su precio continúa siendo el mismo, los mismos 200 pesitos. O sea que además de todo esa es una de esas escazas bellezas  invariables: sigue pesando veinte gramos y llevando un chicle en el corazón. ¿Cómo es que se lo ponen ahí?
El Bonbonbum resulta un sabor muy nuestro no solo por ser fabricado en este Valle del Cauca sino por haber visto la luz aquí, desprendiéndose de un árbol genealógico abonado con caña de azúcar. La historia comienza con los Caicedo y su hijo Hernando, innovador incansable que a cargo de las fértiles tierras de la familia -sembradas de caña y con un ingenio-, se convirtió  en pionero hace muchos años del negocio de la confitería y los dulces en el país.

Foto: Oswaldo Páez / Reportero gráfico de El País

Zarzal

Bonbonbum , el dulce infaltable en todas las tiendas vallecaucanas

En imágenes: Zarzal, el pueblo azucarero del Valle

Zarzal es conocido por sus cultivos extensos de caña azúcar, además en el corregimiento La Paila está la fábrica de Colombina. Deléitese con esta galería de imágenes.


“Envueltos en papelillos de colores los bonbones llevan ahí todo ese tiempo, en las vitrinas de exhibición como un alegre recordatorio del chance de voltearle el gusto al día a cambio de una simple moneda: durante los últimos diez años su precio continúa siendo el mismo, los mismos 200 pesitos”

Foto: Oswaldo Páez / Reportero gráfico de El País

Zarzal

Iglesia del Parque Principal de Zarzal

 Siempre preocupado por ofrecer novedades, en algún momento juntó a un grupo de colaboradores para darle vueltas a la idea de adaptar al mercado colombiano un producto que había visto en Europa: “Después de varios experimentos lograron poner en el centro de la bolita azucarada un relleno masticable llamado chicle. De allí su imaginación, mezclando los sabores de la bolita y el relleno, fue infinita…”, cuentan en una reseña institucional de la golosina, según la cual el nombre apareció en medio de una conversación interrumpida –o salvada- por la explosión de uno esos chicles: ¡Bum! El complemento sonoro fue tan pegajoso sobre los bonbones que en ese preciso instante nació la marca.
Luego de popularizarse en todo el departamento, el Bonbonbum se regó de arriba para abajo por Colombia. Y con el tiempo por parte del mundo: actualmente se vende en 60 países donde se comercializan 1,8 billones de unidades cada año. A otras partes del planeta, cuenta Christian Sierra, el supervisor de producción, llega en sabores que acá no suelen verse: ron con pasas, trozos de piña, y chocolate con maní, solo para antojarse de unos ejemplos. El Bonbonbum, dice él, llega a lugares de los que solo supo ahora que estuvo viendo los Juegos Olímpicos por televisión: “¡A la República de Maurice!..”
Por estos lados, en cambio, los que convocan son los clásicos: fresa, que es el rojo; fresa intensa, mandarina y lulo. También hay de uva, sandía, morazul, y uno fantástico de dos sabores que mientras se va deshaciendo en la boca, durante la transición suma otro; como en todos los demás casos, el papelillo lo envuelve en un nombre literal: 1+1=3.
Aunque ninguno tan fantástico como el rojo, que ni siquiera necesita de  más nombre: en esta tierra hay gente que lo pide así: “dáme un bonbón rojo, ve…” Gente que lo tiene tan interiorizado en la dieta de sus antojos, que se lo come remojándolo en coca-cola. A edad de jardín infantil, y otras veces más grandes, ese bonbón  puede ser el primer pintalabios de mentiras de las niñas, cuando empiezan a jugar pensando en maquillar la vida real. Bonbonbum rojo para la novia. Para desencañengarse con el amigo secreto, porque el rojo le gusta a todo el mundo. Con Bonbonbum rojo se han confesado amores, empezaron matrimonios, se acabaron peleas y se siguen mandando recados que no se pueden entregar con palabras. En esta tierra un Bonbonbum se recibe como un piropo.
En Colombina, donde los hacen desde hace tanto tiempo, también hacen la Nucita. Chocolatinas, masmelos, galletas, jugos, caramelos masticables, bananas. En Bogotá y Medellín, helados, paletas, cremas y choco-conos. La planta de La Paila es una de las plantas industriales más grandes de Latinoamérica y por momentos durante el recorrido, tan maravilloso como los perfumes que se desprenden de cada una de sus áreas de producción, resulta  el funcionamiento de algunas de las máquinas que tecnifican los procesos: una de ellas empaca bonbones a 250 unidades por minuto. Y otra a 650.
Los operarios están vestidos todos de blanco, con las cabezas cubiertas y tapabocas. Los visitantes van más o menos igual y con la ropa bajo una bata de tela desechable parecida a las que dan en las clínicas. A la entrada de algunas áreas también hay lavamanos industriales como los que tienen las salas de cuidados intensivos. Todo es impecable. Ni siquiera hay un olor confundiéndose con otro. Pero aún así, cuenta el ingeniero Crhistian Sierra, papá de una niña de 10 años, cuando los trabajadores llegan a sus casas los hijos salen corriendo a olfatearles el cansancio: es posible que en todo el Valle del Cauca no haya otro lugar donde la fatiga deje rastros más dulces que los que terminan prendidos en el vestido de los empleados de esa empresa. El 60% de ellos, habitantes del norte de la región. Muchos de Zarzal.
Desde que lo empiezan hasta que termina envuelto en papelillo, un Bonbonbum puede quedar listo en un hora, dice el ingeniero. “Son cuatro fases: cocimiento, troquelado, envoltura y envase…”. Para ponerlo en palabras cristianas, el troquelado es donde le dan forma, es decir donde ocurre la magia. A la golosina saborizada la amasan hirviendo  hasta lograr una jalea gruesa y consistente. En ese punto, va pasando por unos rodillos que la llevan a envolver un inyector que a su vez le dejará la goma de mascar en el medio.

“Con Bonbonbum rojo se han confesado amores, empezaron matrimonios, se acabaron peleas y se siguen mandando recados que no se pueden entregar con palabras. En esta tierra un Bonbonbum se recibe como un piropo”

De ahí el dulce en un solo cuerpo y en forma una manguera sale a otra máquina que le dará el molde a las bolitas. Entonces los palitos a la mitad y un túnel de viento que los enfría. Todos los días de la planta de Colombina salen once millones 200 mil unidades de Bonbonbunes. Hasta hace tres años, según la agencia de investigación de mercados Raddar, después de una cerveza con  garras y pico, Bonbonbum era la  marca más recordada por los habitantes de este país.
Así que por eso no tiene ya nada de raro que cuando las visitas pasen por la estación de trabajo de Frans Rodríguez, hoy operario líder de troquel en la línea de bonbones, la gente se le plante a unos metros para ver de cerca cómo se resuelve uno de los misterios más dulces de la vida: el del chicle entrando al chupete. Frans, con 17 años de experiencia en la empresa, lo ha visto repertirse. Este miércoles ocurrió antes de la hora del almuerzo,  cuando un niño que iba de visita  pasó y se quedó con la boca abierta. Y feliz.

Foto: Oswaldo Páez / Reportero gráfico de El País

Zarzal

Parque principal de Zarzal

En Zarzal el calor también trabaja las 24 horas y para eso, dice el señor Osbey Velásquez, tomando fresco en la plaza de la Alcaldía, ahí está el Parque Recreacional Cumba, que es muy bueno. Y el Río La Paila, aunque anda bajito. Para don Ferney Coral, igualmente resguardado de la resolana bajo un árbol, lo que está bueno son los programas culturales de la Univalle, con sede en el municipio. Y  ese parque, donde hay iguanas anidando en los árboles, símbolo de que nadie se mete con nadie, dice Miguel Ángel Gómez Cano, un paisita de 53 años que se la rebusca cuidando carros en la esquina.
Esta semana cumplió veinte días de haber llegado de Medellín en bicicleta buscando las huellas de un tío, Harold Gómez, que se vino a enterar por estos lados, ya falleció. Fueron 16 días y 8 horas pedaleando, cuenta el paisita, que antes de llegar paró en La Pintada, Riosucio, Caldas y Pereira. Lo más duro fue el Alto de Minas: “Nueve horas dándole…”. En 1983, el paisita había vivido en Zarzal y en comparación a ese tiempo ahora el pueblo es otra cosa. Está todo tranquilo, dice. Y por eso la gente se ve en los parques. En los tres. Porque en el pueblo hay tres. Además de ese, el Santander, está el Gaitán y el Bolívar. Pero el más bonito de todos, quizás, es el de La Paila, ahí no más a diez minutos. No hay ruido de tráfico. Pero sí un puesto de helados con un menú que incluye cocteles, malteadas y jugos. Y otro con gaseosa fría y mecato. En la vitrina se ven Bonbonbunes de todos los colores del mundo. Desde hace diez años, a 200 pesos.

Superficie: 355km²
Ubicacion: Norte del Valle del Cauca
Población: 45.227 habitantes
Gentilicio: Zarzaleño
No te puedes perder: Visita a la fábrica de Colombiana en el corregimiento de La Paila

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