Visite Vijes y conozca el secreto de su gente para vivir más de 100 años

En Vijes vive un hombre de 106 años, una mujer de 102 y un señor de 100, que se echa una pipeta de gas al hombro. Crónica de un pueblito donde la longevidad es un misterio de huellas blancas.

- Jorge Enrique Rojas

El pueblo de los eternos

¿Cuál es el secreto?
A los 71 años, la señora Enith Quintero Barco se aventura a decir que la comida. Porque antes las cosas no germinaban en laboratorios químicos ni aparecían enchuspadas con la fecha de vencimiento apuntada al respaldo. “Las gallinas y los huevos venían del monte…”, recordaba ella la otra vez, el lunes por la tarde, mientras su papá terminaba la cena en el comedor: sopa de pastas, arroz, pollo sudado, una tajada de plátano maduro y jugo de guayaba. El próximo 15 de marzo don Eusebio Quintero López y su buen apetito cumplirán 107 años. Todos en Vijes. Los últimos vienen transcurriendo en una casa de techos altos y solar, el 2-47 de la Calle Sexta.
Ella y él han vivido juntos desde cuando don Eusebio enviudó, es decir hace medio siglo. Y por eso ella sabe todo lo de él: no le han formulado gafas y así lee la prensa por la noche. Tampoco usa audífonos. Lo único que le duele son las rodillas y de resto, solo gripitas que le dan a veces. Generalmente duerme hasta las once de la mañana pero hay días en los que despierta temprano, toma el desayuno en la cama, y se vuelve a dormir. Nunca lo han operado y lo único con lo que no venía de nacimiento, enumera ella contemplándolo, es el bastón con que ahora se apoya para caminar adentro de la casa y cuando van a la iglesia.
Aunque el bastón es más bien una novedad: el día que cumplió los cien le ensillaron un caballo y salió a darle la vuelta al pueblo. Risa. No risa de burla sino de alegría. Aquello fue un homenaje a la talla de sus bríos: don Eusebio Quintero López tuvo vacas, fue herrero y arrió bestias, se presenta él en la sobremesa, camisa blanca de puños doblados, pantalón gris, correa y zapatos negros:  “…Yo llevaba lotes de animales a los mataderos de Tuluá y de Buga… En ese tiempo la comida sí que era buena: en las fincas pelaban reses y chivos y uno comía de ahí,  todo fresco…”, contó con la voz un siglo de gruesa. Un siglo.

Foto: Oswaldo Páez / Reportero gráfico de El País

Vijes

Don Eusebio Quintero López

En este recorrido fotográfico descubra el 'Pueblo Blanco del Valle'

El municipio de Vijes también es conocido como ‘La Ciudad Blanca o El Pueblo Blanco del Valle’,  por el hecho de tener gran cantidad de minas de piedra caliza. Descúbralo en este recorrido fotográfico.


“Lo que dice la teoría, porque es una teoría incomprobable –explica la secretaria de Gobierno de Vijes, Blanca Miriam Samboní-, es que  la gente dura (o duraba) mucho por el agua, calcificada a raíz de la explotación de las minas de piedra caliza que hay en las montañas. De esa agua bebían los animales y así las bondades eternas de la piedra llegaban a los pobladores”

Foto: Oswaldo Páez / Reportero gráfico de El País

Vijes

Vijes es conocido como 'El Pueblo Blanco del Valle' por sus minas de piedra caliza

Conocerlo tiene que ver con ese pocotón de años vivos sobre la humanidad de un hombre. Después de Yumbo y a una hora larga de Cali, Vijes con el tiempo ha ido cultivando fama como pueblo de gente longeva, de modo que ese señor y su historia en perfecta lucidez confirman dicha reputación, siempre una rareza en este mundo efímero. Don Eusebio Quintero López tuvo seis hijos: Wilman, Herney y Eusebio, ya fallecidos, y Deiman, Enith y Oliva, que vive en Tuluá. De ahí en adelante la cuenta va en doce nietos y tres bisnietos. “… A veces vienen y vamos en carro a la iglesia, voy a misa, todo normal… Lo único que me quitó el médico fue la carne de cerdo… Porque el trago ya lo había dejado hace aaaaños…”
Lo que dice la teoría, porque es una teoría incomprobable –explica la secretaria de Gobierno de Vijes, Blanca Miriam Samboní-, es que  la gente dura (o duraba) mucho por el agua, calcificada a raíz de la explotación de las minas de piedra caliza que hay en las montañas. De esa agua bebían los animales y así las bondades eternas de la piedra llegaban a los pobladores. Enith, la hija de 71 años de don Eusebio, sabe de un señor Rosaliano Muñoz, que en la vereda Villa María vive con cien años tan bien puestos, que ella misma lo ha visto bajar al pueblo para hacer mercado sin ayuda de nadie. Y si los ojos no le fallaron, en una ocasión lo vio irse para la casa cargando una pipeta de gas al hombro.
A pesar de que más arriba hay terrenos sembrados con frutales: piña, papaya, maracuyá; cultivos de tomate y habichuela. Y más abajo plantaciones de ají, la cal es el fruto que se da silvestre en los alrededores y que cambia incluso el color al paisaje, con curvas donde la aridez es el atractivo principal.
Aunque no en todas de la misma forma y color: en la formación rocosa que yendo para el corregimiento de Carbonero llaman Vuelta de los Ataúdes,  una pared de ‘diabasas columnares’ cumple la descripción del  boca a boca, asemejando sarcófagos apilados saliendo de la peña en un doblez del camino. La geometría natural tiene  valor científico puesto que ese tipo de formación caracteriza la fase final de una era volcánica, lo que significa tener a la mano huellas dactilares de nuestro pasado más remoto. Jaime Nosa, coordinador de Cultura y Turismo de la Alcaldía, cuenta que por eso a Vijes cada tanto llegan arqueólogos de visita. La Vuelta de los Ataúdes queda a veinte minutos de la cabecera  o cuando la sonrisa del Pibe Valderrama aparezca en una valla promocionando una hostigante gaseosa con sabor a piña.
A diez minutos en carro, arqueólogos, curiosos, parejas de enamorados, estudiantes que no hicieron la tarea o que les quedó faltando recreo, turistas y desocupados, también suben a conocer la Piedra del Sol: una roca alta y gorda como la giba de un elefante, que en medio del monte conserva en su lomo un jeroglífico indígena que Jaime Nosa, cree, traduce un mensaje derivado del acoso español en épocas de conquista. Y suben también, cómo no, a Charco Oscuro, una piscinita para hacer clavados que el río Carbonero fue puliendo en un recodo de su cauce, hoy ubicado y disponible a quince minutos de destapada desde el pueblo.
Entre la Vuelta de los Ataúdes, la Piedra del Sol y Charco Oscuro, los rastros de la cal molida se van haciendo evidentes al mezclarse con la arenilla de las rutas sin pavimento, que en vez de amarillas o zapotes, en ciertos tramos se levantan en pálidas nubes de polvo cuando los carros pasan rápido. En ‘Vijes – Pueblo Blanco’, un libro escrito por León Henry Colonia Cardona, el autor dice que “… Nadie sabe a ciencia cierta quién comenzó a producir cal, pero se ha comprobado que nuestros ancestros indígenas la utilizaban para embalsamar los cuerpos de sus muertos. Quizás un indio Vijí observó que al fabricar sus hogueras con piedras de los contornos (los contornos del pueblo, las piedras de las montañas), al calcinarse se volvían porosas. Les echaron agua y empezaron a sacarle provecho”. Así fue como encontraron la cal. Según Colonia, los primeros informes de explotación son de 1.565, cuando los terratenientes construyeron hornos.
“La historia del Valle, el Cauca y el Viejo Caldas, está escrita con la cal de Vijes (…) El Puente del Humilladero y otras viejas edificaciones fueron construidas a cal y canto. Lo mismo puede decirse del Puente Ortiz de Cali, el Guadalajara de Buga y muchos más que sería largo de enumerar. Casonas legendarias. La Hacienda El Paraíso en el centro del Valle y templos como San Francisco, La Merced, San Antonio y La Ermita de Cali, la Basílica del Señor de los Milagros y muchas más (…) En Vijes ha habido familia enteras dedicadas a la explotación…” cuenta el libro en las páginas 90 y 91.

“…en el 7-32 del barrio Kennedy, vive la señora Estefana Quinayáz, a tres meses de cumplir 103 años. Aunque va al baño con caminador, cuenta su hija de 70, Adelinda Samboní, la señora Estefana enhebra agujas sin gafas y se la pasa el día tejiendo y oyendo música en el radio-transistor que le regaló su nieto Marino Zúñiga, que trabaja en Cali. Ella nació en el Cauca pero llegó de meses a Vijes y ahora, después de tanto tiempo y tanta vida, dice que la vida ahí es “lo más de alentada”. Creo que a la hora de inaugurar el cementerio, tuvieron que traer un muerto de Yumbo…, bromea Jaime Nosa, que sirve de guía en esta ruta por la eternidad”

Cerca de las minas, sobre todo en las de la vereda Las Guacas, todavía quedan vestigios de algunos hornos artesanales ya clausurados por Ley para darle paso a un proceso más tecnificado de quema continua. Para que las rocas se transformen en el polvillo blanco y arenoso que en el deporte usan para delimitar las canchas de fútbol o tenis, deben permanecer hirviendo a temperaturas muy altas por varios días. A veces pueden ser dos semanas. Ilario García, de 53 años y 20 de experiencia como minero, dice que la cal está en todas partes: la panela, el azúcar y la papa, porque en la cosecha la usan como abono. Sirve para desinfectar el agua. Para la sinusitis. “Y para hacer talco. ¡Sirve hasta para la pecueca!..” Con las manos sucias de trabajo Ilario muestra el grabado que varias rocas llevan en forma de conchas de mar. La estrías se sienten al tacto. ¡Fósiles!, dice él.
Hace millones de años, cuando los volcanes acababan de formar el planeta, hasta Vijes tuvo que haber llegado el Oceáno Pacífico.
Coincidencia o no, en el pueblo hay un barrio que se llama Cangrejo. Doña Edilia Reina Collazos, de 67 años y dueña de una casa grandota sobre la Carrera Tercera, dice que siempre ha escuchado el cuento del agua y la cal. Pero para ella el asunto más bien tiene que ver con la tranquilidad, “Vijes se ha distinguido por tranquilo…” Como otra confirmación de las teorías callejeras, a unas cuadras de ahí, en el 7-32 del barrio Kennedy, vive la señora Estefana Quinayáz, a tres meses de cumplir 103 años. Aunque va al baño con caminador, cuenta su hija de 70, Adelinda Samboní, la señora Estefana enhebra agujas sin gafas y se la pasa el día tejiendo y oyendo música en el radio-transistor que le regaló su nieto Marino Zúñiga, que trabaja en Cali. Ella nació en el Cauca pero llegó de meses a Vijes y ahora, después de tanto tiempo y tanta vida, dice que la vida ahí es “lo más de alentada”. Creo que a la hora de inaugurar el cementerio, tuvieron que traer un muerto de Yumbo…, bromea Jaime Nosa, que sirve de guía en esta ruta por la eternidad.

Foto: Oswaldo Páez / Reportero gráfico de El País

Vijes

Longaniza con plátano verde

Para quien quiera conocerla más de cerca, cada 14 de julio doña Julia Amparo Collazos García organiza sobre toda la Carrera Quinta, la muestra ‘Revivamos Nuestra Historia en la Calle Caliente’: una exposición dispuesta en los andenes donde se verán otras maneras del pasado. Curiosidades que ella ha ido recopilando, como las fotos de los primeros peluqueros que tuvo el municipio o una hilera de planchas de carbón. Con el mismo cuidado con el que conserva sus antigüedades, doña Julia también colecciona palabras que ya nadie más usa pero que ella, cada que se lo dicta la memoria, va apuntando en una libreta. Runfla: bastante cantidad. Vidanca: muchacha brincona y casquisuelta. Gurguciar: escarbar. El diccionario lo lleva escrito en tinta de lapicero.
El recorrido no es muy largo, solo unas cuadras. Después, cuenta la Secretaria de Gobierno, Vijes también es conocido por la longaniza. Mucha gente va a comprarla para el arroz atollado. En el 3-48 de la Carrera Tercera, Luz Marina Caldas la prepara desde hace diez años para llevar o para comer ahí en su casa, donde la sirve frita, con monedas de plátano verde y limón. La diferencia con un chorizo es mucha, explica la mujer, porque la longaniza es un embutido artesanal que lleva la carne picada en vez de molida, pimentón, un poquito de pimienta y cebolla larga. Es comida de antes. De la buena. De la que no necesita químicos.

Superficie: 122km²
Ubicacion: Subregión sur del Valle del Cauca
Población: 11.010 habitantes
Gentilicio: Vijeño
No te puedes perder: La longaniza con plátano verde de Luz Marina Caldas en el 3-48 de la Carrera Tercera

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