¿De paseo por el Valle? VisiteAnsermanuevo y descubra la magia de su pueblo artesano

El Ansermanuevo de hoy  es producto de varias mudanzas. Y de una resurrección confeccionada puntada a puntada. Crónica de un pueblo con genes que se visten de poncho y sombrero.

- Jorge Enrique Rojas

Tejer la vida una y otra vez

La vida que es un trasteo. O que tantas veces se parece: ir de aquí para allá, empacar, guardar, cargar y cargar. Acomodar. Olvidar. Y luego empezar otra vez. Así como Ansermanuevo, que bien al norte y después de Cartago es el resultado de las mudanzas: primero quedó en Risaralda, donde tuvo su fundación. Luego en Caldas, donde el día de hoy queda Anserma. Y de allá salieron cantidad de familias, que con el sacerdote se atravesaron al Valle del Cauca para bautizar un nuevo pueblo. En el camino, como suele suceder desde el principio de los días, se encontraron con unos colonos paisas que ya para la época recorrían el planeta; y con ellos fueron construyendo un municipio que ahora, como no podía ser de otra forma, tiene la reproducción de un jeep Willys elevado como monumento en el parque.

El parque no es redondo ni cuadrado, como tantas de las plazas que pueden verse en esta región, sino uno de aquellos que la modernidad llamaría longitudinal: extendido desde la puerta de la iglesia en línea recta por una cuadra que se alarga. Alrededor están los Billares Montecarlo, que también son panadería y cafetería. Bares donde ponen la música con suficiente volumen como para escuchar carrilera y baladas desde afuera y sin tomar aguardiente. La Alcaldía, la sede del Comité de Cafeteros, y por supuesto Willys estacionados o que pasan dando vueltas con gente y gajos de plátano amarrados encima. En su construcción, Ansermanuevo se fue agarrando de montañas, lomas, filos, cuchillas y cuestas, que por la genética prevalente quedaron sembradas de café en su gran mayoría. A las afueras pues, el pueblo es de un verde cafetero en casi todo el paisaje. A un costado del parque, en la puerta del bar Tibiri-Tabara, hondea la bandera del Atlético Nacional.

En las montañas quedan los corregimientos El Roble, La Popalita, Tres Esquinas, Primavera, Anacaro, La Hondura, El Vergel, El Billar, Calabazas, San Agustín, La Pedrera. Y hay uno que se llama El Café. Del café milagrosamente sigue viviendo mucha gente por esos lados y entonces por esa razón los camperos que van trasteando la vida de aquí para allá. En nada más podrían llegar a sus destinos, encaramados en un mapa donde no llegan buses. Solo a caballo. O en motocicleta. Pero no a todos la tierra les da para tanto así que toca Willys. Así que los Willys suben y bajan cargados de gente buena. De diez pasajeros, once son jornaleros y campesinos.

Foto: Áymer Andrés Álvarez / Reportero Gráfico de El País

Ansermanuevo

Parque principal de Ansermanuevo.

En imágenes: descubra Ansermanuevo, el municipio que al norte del Valle fue producto de varias mudanzas.

Ansermanuevo ahora esta plagado de Jeep Willys, de cafetales, de ponchos y sombreros que hacen del norte del Valle, un lugar hermoso por visitar y descubrir.


“En las montañas, entre cafetales a veinte minutos de la cabecera municipal, está Wayra Ecoaventura, un voladero de parapente hermosísimo, donde también tienen rutas para descender por los cañones de los ríos. Allí hay alojamiento, uno de los mejores miradores de toda la región, y piscina. Cada cosa señalada con letreritos que pueden leerse en español y en inglés. Porque tienen cantidad de clientes y huéspedes gringos y europeos que llegan hasta ahí viajando muy frescos en los Willys”

Foto: Áymer Andrés Álvarez / Reportero Gráfico de El País

Ansermanuevo

Poncho y sombrero en Ansermanuevo.

Los señores de más años, casi todos viven vestidos de poncho y sombrero como por las tardes se ven pasar por la panadería Nuevo Sol. Y en las mañanas hay ventas de arepas en una docena de esquinas. ¿Docena? ¡Docena es el pico, mijo!, le van a decir si pregunta cuántas parrillas ambulantes sacan a la calle desde las seis de la mañana, las señoras que le resuelven el desayuno a todo el pueblo con arepas que asan desde 300 pesos. Algunas son delgaditas como unas hostias más grandes y más ricas. Otras como obleas gruesas: dulcecitas con la mantequilla que se les riega por los bordes desde el primer mordisco.

Desde hace diez años, jura Johnier Penagos Muñoz, director de Cultura y Turismo de la Alcaldía, Ansermanuevo vive una tranquilidad de la que él da fe contando que a veces sale a caminar a media noche, por 40-45 minutos, y nunca le ha pasado nada.

En las montañas, entre cafetales a veinte minutos de la cabecera municipal, está Wayra Ecoaventura, un voladero de parapente hermosísimo, donde también tienen rutas para descender por los cañones de los ríos. Allí hay alojamiento, uno de los mejores miradores de toda la región, y piscina. Cada cosa señalada con letreritos que pueden leerse en español y en inglés. Porque tienen cantidad de clientes y huéspedes gringos y europeos que llegan hasta ahí viajando muy frescos en los Willys.

Desde hace un par de años está subiendo harta gente atraída por la naturaleza de Ansermanuevo, cuenta Wbeimar Moreno Escobar, un muchacho de 24 años que desde Cartago y junto a un socio francés, también tiene rutas trazadas para llevar turistas a practicar torrentismo a lo largo de cascadas y toboganes de piedra, que en los folletos promocionales de su negocio –‘Canyoning Cafetero’- se ven fotografiados detrás de las sonrisas de clientes ataviados con trajes de neopreno y cascos. Del 2014 para acá, cree él, pueden haber sido entre 500 y 600 personas las que llevaron a hacer ese plan.

Pero con todo eso, insiste Johnier Penagos Muñoz, el director de Cultura y Turismo de la Alcaldía, a él lo que más le gusta de Ansermanuevo es la gente: que es buena y trabajadora. Mire no más lo que pasó entre el 80 y el 90 cuando cayó la broca y la plaga arruinó un montón de fincas cafeteras: pues que en vez de irse a buscar fortuna a otra parte, la población empezó a tejer una nueva vida, puntada a puntada, en torno al deshilado y el calado que es la otra tradición histórica del municipio.

Según los remiendos de un chisme, unas monjitas españolas que el siglo pasado llegaron a Cartago (a veinte minutos) para regir un colegio, fueron las que propagaron el arte del bordado al inculcarlo entre la formación fundamental de las alumnas de los cursos de primaria. Al fin niñas, y al fin en ese tiempo, libres de la tentación de salir a cazar pokemones con el celular, las chicas chateaban con sus amigas intercambiando puntadas en el patio del colegio o haciendo visita en las casas. Y una le enseñaba a la otra. Y otra a la otra. El tejido llegó hasta La Unión, que hoy también es tierra de bordadoras.

En Ansermanuevo, aquel arte derivó en una filigrana de alta costura que consiste en hacer exacto lo que dicta el nombre del oficio: deshilar, que no es otra cosa que separar los hilos de un corte de tela para, entre los espacios que se formen, tejer figuras y formas. Eso es calar. Si suena en el algo complicado, es complicado en todo. Para colgarle un referente a la imaginación, así es que se tejen las guayaberas.

“En su construcción, Ansermanuevo se fue agarrando de montañas, lomas, filos, cuchillas y cuestas, que por la genética prevalente quedaron sembradas de café en su gran mayoría. A las afueras pues, el pueblo es de un verde cafetero en casi todo el paisaje. A un costado del parque, en la puerta del bar Tibiri-Tabara, hondea la bandera del Atlético Nacional”

Otros remiendos del chisme contarán que durante años y años, de los talleres de bordadoras de Cartago se han llevado a muchas caladoras y caladores de Ansermanuevo. Caladores. Hombres. Lo que sucede es que cuando cayó la broca, las mujeres empezaron a enseñarle a sus esposos. Y ellos aprendieron fácil, quizás por los genes: no los paisas, sino los de primeros ancestros, que trasteando el pueblo se acostumbraron a desbaratar para luego organizar de nuevo; con otra forma y otro espíritu. Que en esencia es deshilar y calar. En la actualidad los estimativos dicen que el 60% de los habitantes  practican el oficio. Patricia López Rodríguez, profesora del colegio Nuestra Señora de Fátima, cuenta de estudiantes de 8 años que a esa edad ya saben las puntadas básicas.

La vida que se vuelve a tejer. Así pasó en el matrimonio de 21 años y dos hijos que llevan Rubiela Grisales y Esaú Molina: él perdió el trabajo en el tiempo de la broca y ella le enseñó a bordar. Y así se salvaron de la plaga. Y no solo eso sino que montaron una tienda de bordado y diseño. El local está en la parte delantera de su casa, que hace cinco años acabaron de pagar puntada por puntada. Queda en la calle Quinta 4-41, y atrás tienen un solar con gallinas que Esaú  le construyó a su esposa para que desestrese cuando se pone tejer de largo.

Foto: Áymer Andrés Álvarez / Reportero Gráfico de El País

Ansermanuevo

Rubiela Grisales y Esaú Molina

Porque a veces le pasa y se estresa, cuenta él. Son jornadas de mucha minucia, de mucho detalle, y ella está en esas desde los 16, cuando una señora Leonor Herrera, de La Unión, le enseñó. Y desde entonces no ha parado. Ahora Rubiela es capaz de hacer de todo: vestidos, blusas que se agotan en las ferias textiles, túnicas. Así fue tejiendo el camino que la llevó a hacer parte de la versión de este año del proyecto ‘Maestros Costureros’ de la Revista Fucsia,  que destaca la maestría artesanal colombiana que surte la moda. “Estoy clasificada en la fase final con dos chicas de Apartadó que trabajan las Molas, dos chicas Emberá-Chamí, y dos artesanas de Bogotá…”, dice Rubiela. muy emocionada.

En otros años, le contaron, el premio que dio la Revista a los artesanos que llegaron al final,  fue una beca para hacer un curso en Barcelona. Y a ella le gustaría mucho eso, claro, lo  confiesa feliz. Pero  lo que más le gustaría, lo que más le gustaría, dice entrecerrando los ojos como si fuera a enhebrar una aguja, “Es que al pueblo lo reconozcan como una comunidad artesana que cala… Porque aquí hay mucho arte que merece ser visto…” Rubiela explica que hoy día un calador gana más que un jornalero. Y que por eso muchos campesinos se están ayudando la vida con los tejidos. Y así no han tenido que volver a trastearse para ningún lado. Entonces ese reconocimiento sería bueno para muchos. Y eso sí que le gustaría todavía más. La gente dice Johnier Penagos Muñoz, de la casa de la Cultura. La gente, es uno de los principales atractivos de  Ansermanuevo.

 

Superficie: 346km²
Ubicacion: Norte del Valle del Cauca.
Población: 19.557 habitantes
Gentilicio: Ansermense
No te puedes perder: Arepas en el pueblo que asan desde 300 pesos.

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