Cartago, la ciudad que no tiene ‘un pelo’ de fea

Uno de los refranes que se le enredan junto al nombre dice que las cosas grandes, largas y feas de la vida, son como Cartago. Una foto, cuentan, tuvo parte de la culpa. Crónica de un pueblo con un segundo apellido.

- Jorge Enrique Rojas

Una belleza que no era fotogénica

La culpa, en parte, la tiene aquella foto. O al menos eso cree el arquitecto Luis Carlos Franco, un historiador cartagüeño que nació en 1944. Es una panorámica de 1928 y de autor desconocido que muestra al pueblo ensanchándose a lado y lado de la larguísima Calle Real: una destapada que comenzaba junto a las únicas casas con techo de teja que por entonces había, y desembocaba casi en las montañas. El infinito al fondo es un cielo blanco y manso dormitando sobre la cordillera.

Para ese momento, enumera, Cartago tenía 467 casas (465 con techos de paja), unos dos mil quinientos habitantes y unas dos mil reses dando vueltas por ahí. En la fotografía, que se supone también estuvo dando vueltas mucho tiempo, y de la que él guarda una reproducción digital, lo que más se ve son las copas de los árboles brotando de los solares de cada una de esas casas. La Calle Real es una raya que a mitad del cuadro lo atraviesa todo en caluroso silencio; una bola de heno como las que el viento de la soledad hace rodar en los espagueti western, habría combinado con aquel paisaje retratado a blanco y negro. “La gente venía aquí y veía todo como en la foto: el pueblo estuvo mucho tiempo estancado…”, dice el historiador, convencido años después que de esa imagen pudo salir la mala edificación del refrán: grande, largo y feo como Cartago.

Porque Cartago es grande y largo, sí: ahora tiene 150 barrios poblados por 188.000 personas que utilizan 75.000 motocicletas para recorrer sus calles todos los días. Pero feo no, Cartago no es feo, asegura el historiador sacando de nuevo la máquina de la enumeración: “Cartago tiene la parroquia de San Jorge, con todas las imágenes talladas en madera, por lo que es un museo de talla de madera. Una catedral que se ve desde cualquier parte del pueblo. Un templo de estilo mejicano en honor a la Virgen de Guadalupe. Una virgen aparecida, que es la Virgen de la Pobreza. Un Cristo aparecido, que es el Cristo de las Misericordias, y es muy misericordioso. Y tiene la tradición de los bordados. ¡Cartago lo que tiene es historia para mostrar!”.

Que es justo lo que ocurre en la Casa del Virrey: una joya arquitectónica que en 1997 fue declarada Monumento Nacional y donde hoy funciona el Conservatorio de Música Pedro Morales Pino, el centro de Historia Luis Alfonso Delgado y el Archivo Histórico. El origen de la construcción, que reproduce una típica casona andaluza española, es en sí mismo una historia de museo: en época de la Colonia (finales del siglo dieciocho), el Juez Poblador Sebastián de Marisancena se da cuenta que el Virrey Don José de Espeleta viajará a visitarlo; entonces bota la casa por la ventana y construye una mansión para atenderlo.

Y para eso atraviesa el mundo copiando modelos en España: apliques estilo Mudéjar, ventanas ‘pecho de paloma’, un gran patio central que se articula con otros dos, techos elevados a ocho metros y medio del piso y su escudo de armas incrustado en la fachada como adorno. Todo salió a pedir de boca. A excepción de la visita del Virrey, que nunca vino.

Foto: Andrés Ospina | Fotógrafo de El País

Cartago

La Casa del Virrey: una joya arquitectónica que en 1997 fue declarada Monumento Nacional y donde hoy funciona el Conservatorio de Música Pedro Morales Pino

En fotos: descubra en esta galería porque la gente empezó a decir 'Grande y bella como Cartago'

En ocasiones, la mala fama se gana sin fundamentos. Cartago nos mostró su mejor ángulo y pudimos retratar su cara más bella.


“En Cartago han sucedido muchos episodios históricos de este Valle del Cauca que al norte se alarga en 18 municipios”.

Foto: Andrés Ospina | Fotógrafo de El País

Cartago

En la Casa del Virrey hay una exhibición permanente de 350 fotografías antiguas del pueblo.

La casa, entonces, se quedó como casa y tesoro familiar. Y entre los herederos Marisancena estuvo por 150 años. Incluso sería dormitorio de uno de sus muertos, convertido en momia. O así dice la leyenda que mantiene con vida el lleva y trae. Según el chisme, el terremoto que a principios del siglo veinte removió los cadáveres del Campo Santo, dejó al descubierto que el cuerpo de Margarita de la Cruz, la hija menor del ya fallecido don Marisancena, se había mantenido intacto en los tiempos de la muerte. De manera que sus familiares se la llevaron del cementerio y vistiéndola a la usanza de la época, la acomodaron en el segundo piso de la Casa del Virrey. Y ahí se quedó momificada por el Espíritu Santo hasta los años cuarenta, cuando el padre Hernando Botero O’byrne le dio cristiana sepultura.

Un día cualquiera, en Cartago, cualquier persona puede ver el lugar exacto donde se supone que ocurrió aquello a través de las visitas guiadas que allí ofrecen todos los días. Betty Valencia, coordinadora del Archivo Histórico, calcula que haciéndolo con juicio el recorrido puede durar unos cuarenta minutos. Y es gratis. En la Casa del Virrey, va mostrando ella, hay una exhibición permanente de 350 fotografías antiguas del pueblo. “Los mejores exteriores los hizo Foto-Marte”, muestra también, contando de paso que a ese estudio fotográfico lo han buscado hasta en la luna pero que no han podido dar ni con el dueño ni con el fotógrafo. De modo que las fotos son de autor desconocido, como sucede con la panorámica del desprestigio, que también está ahí. Y que viéndola bien no tiene nada de fea.

Entre la exhibición igualmente hay retratos de mujeres muy bellas, con el pelo negro y los ojos peor, y fotos de los “personajes folclóricos” del pueblo, como sobre la sonrisa desdentada de ‘kin kon’ se lee en un rótulo. Junto a él, los universales gestos de la picardía callejera se reconocen en los rostros de ‘Aguadepanela’, ‘Morrogacho’, ‘El Profeta’ y ‘Yoyo’, que quedó con medio cigarrillo apretado en la boca, y muy cerca de ‘Pollo de finca’, ‘Chispirispis’, ‘La Coronela’, ‘Católico’ y ‘Buenos días’.
La casa es bien bella y por ahí pasa mucha gente. De acuerdo con Beatriz Medina, la muy amable secretaria de la Coordinación del Archivo, nada más el año pasado tuvieron 4692 visitantes. En lo que va de este ya van 1383. Y hasta julio, 42 extranjeros se sumaban a la lista.

“Por aquí pasó Simón Bolívar –cuenta Betty, que debe ser una de las mejores guías del lugar-. Estuvo entre el 29 de diciembre de 1829, y el 4 de enero de 1830. Es decir que aquí pasó su último fin de año con vida: murió el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta. Venía con el proyecto político derrotado, con la Gran Colombia desbaratada. Aunque dicen que aquí bailó…” Junto al relato de la señora Betty, en uno de los salones aparece colgado un óleo del pintor local Humberto Moriones, que ilustra la llegada de El Libertador, montando un caballo alazán y saludando con la mano derecha en alto.

En Cartago han sucedido muchos episodios históricos de este Valle del Cauca que al norte se alarga en 18 municipios. La Catedral del pueblo, por ejemplo, una hermosura que salió de la obsesión de un sacerdote que creyó que iba a ser Obispo. Entonces se consiguió la plata, hizo gestión, y mandó a construir un templo con una torre tan alta como para que a pocos metros de ella, nadie pudiera verla sin desgonzar la cabeza hacia atrás.

Y en efecto así sucede. La torre mide más de 50 metros. Y la Catedral puede verse desde cualquier esquina del pueblo. Pero lo mejor es hacerlo bien de cerca. Y recorrerla. Y tomarle fotos: estilo neoclásico que tomó como muestra la Catedral de Pompeya, Italia. En 1952 oficiaron allí la primera misa. Ahora, lunes, martes, jueves y viernes, la celebran a las doce y a las seis. Y los domingos todo el día. En todo caso en Cartago caben 20 templos católicos en total. Y 40 de otras denominaciones y creencias.

“Ahora se ven por ahí, dando vueltas, grupos de argentinos que amistados con hippies cartagüeños se sientan a cantar en la calle peatonal y empedrada que lleva a la Casa del Virrey”.

Debe ser porque nunca han sobrado: a principios de los 90, y durante una época larga, el pueblo igualmente fue sede de episodios grandes y feos que conforman el peor de sus momentos, cuando el narcotráfico atomizó un cartel de nuevos mafiosos en ese extremo de la región. La época en la que el pueblo tenía un patrón al que la justicia no podía hacerle ni un Rasguño.

Y en consecuencia ocurrían episodios de espanto, como cuando ‘Diarrea’, uno de los sicarios del capo, sacó del féretro a uno de sus amigos, recién muerto en un accidente de motos, para llevarlo a dar vueltas y terminar en el restaurante Casa Vieja, que en la Calle 14 con 11 esquina, hoy lleva 37 años vendiendo chuleta. Y ahí, borracho, pedirle al mesero que le tomara orden al difunto. Y emprenderla a cachazos contra el mesero por haber apuntado que chuleta. Fueron varios años así, de episodios más o menos así. La mayoría mucho más despreciables. Así que de momentos así, seguramente, también pudo haber salido el refrán: grande, largo y feo, como Cartago.

Pero la coja de la justicia, que de este lado de la vida se tardó tanto en llegar, finalmente hizo lo suyo. Y en consecuencia las cosas que ahora se ven por ahí, dando vueltas, son grupos de argentinos que amistados con hippies cartagüeños se sientan a cantar en la calle peatonal y empedrada que lleva a la Casa del Virrey, en pleno centro, muy cerca de la parroquia de San Jorge, museo en tallas de madera, y del Parque Bolívar. Allí en esa calle está el café ‘Alpacino’, donde Jorge Londoño, además de servir un muy buen tinto, organiza tours ecoturísticos que pueden comprender recorridos de 12 kilómetros por el río La Vieja a bordo de una canoa artesanal. El paseo termina con abrazoterapia, anudando los brazos al tallo de un Totumo gigante que echo raíz cerca de una quebrada.

Foto: Andrés Ospina | Fotógrafo de El País

Cartago

En Cartago hay negocios históricos, como La Inglesa, la panadería que cumplió 60 años en la misma esquina del parque.

Y se ve gente de otras partes, de Pereira y de Armenia, que pasa de este lado solo por una ensalada de frutas de la Heladería Los Andes, donde lo mejor está en la salsa que le echan. Es una de esas ricuras indescifrables que se mantienen a salvo de franquicias gracias al poderoso “es secreto de la casa”. Sandra Sanpedro, la hija del dueño del negocio, lo dice exactamente así. Y por ese dulce secreto, el negocio se ha mantenido en el mismo lugar durante los últimos 32 años.

Hay negocios históricos, allá en ese pueblo de historias. Como La Inglesa, la panadería que cumplió 60 años en la misma esquina del parque. Hasta ahí también viaja gente de otros pueblos a comprar pan. O sucede que gente como Valencia, un escolta que nació en Cartago pero que lleva muchos años trabajando en Cali, aproche el viaje de cualquier parroquiano para encargarle un aliñado de cinco mil; y si no hay, dos de dos mil. “Porque pan como ese no hay”, dijo el otro miércoles apretando con cariño la bolsa de la encomienda. Pero en La inglesa, tan perseguido como el pan son los conos de crema que saliendo de las llaves frías de la máquina Taylor, llevan medio siglo refrescando las tardes de la gente. Y las mañanas. Porque en Cartago todo el día hace calor. Ya no es caliente. Pero todo el día hace calor.

Por eso todo el día entra y sale gente de la panadería, cruza el parque, visita los negocios, muchos de bordados. En la calle se ven muchachas bonitas tomándose selfies, estudiantes, meseros que atienden sin miedo, abuelos tomando el fresco sin afán, un comercio con acento paisa que se mueve todo el tiempo. 75.000 motos. Un trancón en el centro. Cartago está cumpliendo 476 años. Fiesta por la nueva vuelta al sol. Será con orquestas y una tarima en el parque. Juegos para los niños. Quizás no muy grande, pero tranquila. Libre de los estruendos ostentosos de los viejos tiempos. Cartago es tan grande que le alcanzó para llevar otro refrán junto a su nombre: ‘el sol más alegre de Colombia’. Ahora, ese es el que mejor le queda.

Superficie: 279 km²km²
Ubicacion: Región Occidental de Colombia
Población: 132.966 habitantes
Gentilicio: Cartagüeño
No te puedes perder: Una ensalada de frutas de la Heladería Los Andes, en el barrio Guadalupe.

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